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Iberia, capital Lisboa (en castellano) 
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Nota Iberia, capital Lisboa (en castellano)
REPORTAJE: La unión de España y Portugal, a debate



Iberia, capital Lisboa

La mayoría de los portugueses cree imposible la profecía de Saramago de unión con España


El debate sobre una unión política entre España y Portugal viene de lejos, pero en pocas ocasiones lo ha planteado alguien con la talla y la proyección de un premio Nobel de Literatura. Las recientes declaraciones de José Saramago a un periódico lisboeta han destapado la caja de los truenos en el país vecino, al tiempo que han relanzado un debate que se remonta al periodo de unión de las dos coronas, entre 1580 y 1640. Utopías y posibilidades, anhelos unitarios y desconfianzas se entremezclan en unas relaciones que cambiaron de modo sustancial tras el ingreso de España y Portugal en la Unión Europea en 1986. Desde esa fecha, los lazos se estrecharon en un proceso de construcción europea.


España y Portugal son países hermanos, y la Santa Madre Iglesia no aprueba el matrimonio incestuoso. Esa frase histórica, que pronunció un canónigo luso en Braga con motivo de una visita de Alfonso XIII, sigue vigente. Los portugueses ya no odian ni miran a los españoles con el rencor y los prejuicios de otros tiempos ("De España ni buenos vientos ni buenos casamientos", dice el refrán) y, aunque su economía depende en gran medida del comercio con España y adoran ir a Zara o El Corte Inglés, antes muertos que renunciar a la patria y la bandera para convertirse en una comunidad autónoma y fundirse en un país de 55 millones de habitantes llamado Iberia.

"Eso es una boutade de Saramago", dice la hispanista Fernanda Abreu. El premio Nobel José Saramago rescató en una entrevista la idea de una futura unión de Portugal y España bajo un mismo país. "Me temo que han bajado las ventas de los libros del maestro", agrega riendo la escritora Inés Pedrosa. "Es una fantasía más de Saramago", remata Duarte Nuno de Bragança, heredero de la Corona portuguesa. "¿Otra vez estamos con eso? Yo creía que los Felipes habían muerto. La historia no permite eso. Es absurdo", concluye Carlos Días, un taxista lisboeta. Y añade: "Me gustan las ciudades españolas, las mujeres andaluzas y castellanas, adoro la paella, 2.500 euros por niño son un lujo, España está al frente de Europa y los portugueses estamos atrasados. Pero no renuncio a ser portugués. Nuestro cantinho (rinconcito) tiene que quedarse independiente".

Tampoco le parece buena idea la unión a Enrique Santos, gallego de origen, portugués de alma y boda y presidente de la Cámara de Comercio hispano lusa, la más activa de España. "No hace ninguna falta dar la lata, la economía ibérica funciona a pleno rendimiento". Santos tiene datos: "Hay 1.050 empresas españolas en Portugal, y 400 compañías lusas en España. El flujo comercial ibérico supone 24.000 millones de euros. España es el principal cliente de Portugal y su primer proveedor".

Como se ve, el dinero ya ha instaurado la unión. Y como dice el fadista Carlos do Carmo, "las cosas cambian muy deprisa, pero los sentimientos y las mentalidades van más despacio que el dinero". Lo cual no quiere decir que no haya portugueses españolistas. ¿O son apenas ibéricos? "Yo fui iberista de joven porque me interesó el iberismo del XIX, que era utópico, socialista y republicano", dice João Peñaranda, originario de Soria y uno de los grandes comisarios del arte contemporáneo portugués (e ibérico). "Ahora soy europeísta porque, entre otras cosas, Europa resuelve el iberismo".

"El sentimiento ibérico ha existido siempre, pero una unión es imposible. El pueblo portugués tiene un nacionalismo profundo y si España intentara integrarnos saldrían a la superficie todos los prejuicios antiespañoles", reflexiona João Soares, diputado socialista y ex alcalde de Lisboa. Para el hijo de Mário Soares, la identidad portuguesa se fraguó como un nacionalismo antiespañol, "que alimentó una lógica de hostilidad que se ha ido borrando con la democracia, la UE y a la España plural".

La idea de Saramago es sólo una más en una larga tradición de individuos pensantes de las dos orillas que vieron en la Península un único espacio físico y dos culturas complementarias. Los iberistas nunca fueron guerreros, fueron casi siempre gente pacífica y a veces un poco ácrata que creía más en la fraternidad y la solidaridad. Tipos, recuerda Soares, "como los anarquistas de la FAI de los años 20 y 30, los republicanos portugueses que ayudaron a huir a tantos republicanos españoles, los viriatos que se alistaron en el bando nacional, los brigadistas que lucharon por Azaña o el militar antisalazarista Enrique Galvão, que fundó el Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación para luchar contra Franco en los años 60".

Hoy, en el siglo XXI y gracias a la única ideología rampante (el mercado libre), España y Portugal están, paradójicamente o no, más unidos que nunca. El dinero, las mercancías, los trabajadores, los turistas y las empresas fluyen sin cesar de acá para allá, y la utopía política parece haber perdido todo el sentido. Pero ha sido tanto tiempo de desprecio mutuo que la idea sigue excitando a las personas.

Nuestros vecinos alegan razones prácticas, nada viscerales, para seguir siendo un Estado libre. Tienen suficiente España. Sus jóvenes más pobres y dinámicos cruzan la raya para trabajar en España, sus hoteles reciben millones de turistas (1,1 millones de españoles durmieron en 2006 en Lisboa), que compran como fieras en sus tiendas. Muchos tienen novios, maridos, mujeres y trabajos españoles; sus hijos cada vez estudian más español (17.000 el curso último); los bebés del Alentejo nacen en Badajoz... "No hace falta más", dicen.



Cuatro siglos de espaldas

Los vecinos peninsulares se han mirado con recelo desde la unión política que se prolongó entre 1580 y 1640


"En definitiva, Felipe II era y seguiría siendo el rey enigmático, el reservado, el que tendía al apartamiento del mundo, pero no del poder. En ese sentido, Lisboa estaba demasiado abierta, no dejaba resquicios para la intimidad".

Así relata el historiador Manuel Fernández Álvarez en su monumental biografía Felipe II y su tiempo (Espasa) las impresiones del monarca español tras conseguir, por la vía de la reclamación dinástica y por la fuerza de las armas, la unión de las coronas de España y Portugal. "El Escorial frente a Lisboa", sigue el relato del historiador, "el refugio frente a la expansión; el bullicio cortesano de una de las ciudades más animadas de Europa frente al silencio apenas turbado por los cantos de los religiosos; el mar, en fin, frente a las desnudas rocas".

Esta elección del llamado rey prudente determinó que el centro de gravedad de la península Ibérica radicara desde entonces y hasta hoy en la meseta. Corría 1583 y hacía tres años que las coronas se habían unido, una alianza que terminaría en 1640 cuando el conde-duque de Olivares, primer ministro de Felipe IV, logró sofocar la rebelión en Cataluña pero fue incapaz de frenar las ansias independentistas de Portugal. Algunos piensan que si el todopoderoso Olivares hubiera concentrado más esfuerzos en Portugal, quizá hubiera cambiado el curso de la historia ibérica. Fuera como fuera, desde aquella lejana mitad del siglo XVII los dos países han compartido una misma península, aunque han vivido de espaldas. A pesar de los esfuerzos de los iberistas, José Saramago, premio Nobel de Literatura, el último de ellos.

"No es la primera vez que surge una propuesta de unión política entre Portugal y España, pero nunca por parte de una personalidad de la talla de un premio Nobel". El catedrático de Historia en la Universidad de Santiago de Compostela y experto en el pasado portugués Ramón Villares recuerda que la tradición iberista cuenta con ilustres antepasados en España, desde el gallego Castelao al catalán Balmes. Tras señalar que contempla con simpatía las opiniones de Saramago, este antiguo rector ve difícil, a corto plazo, cualquier unión. "Hay que considerar que Portugal se ha construido sobre una hiperidentidad nacional, que incluye un enorme recelo hacia España o, mejor dicho, hacia Castilla. Por otra parte, la falta de reconocimiento real de la diversidad cultural en España, a pesar del Estado de las autonomías pesa en las relaciones entre los dos países. En suma, el debate de Saramago es interesante, pero hay que tomarlo con mucha calma". A la hora de aventurarse en la historia-ficción, Villares no se halla entre los que opinan que la elección de Lisboa como capital en tiempos de Felipe II hubiera mantenido unidos a los dos Estados. "Probablemente", cuenta, "la capitalidad de Lisboa hubiera alumbrado como contrapeso un Estado mediterráneo, con sede en Barcelona o en Valencia".

Desde la orilla española, otros conocedores y amantes de la cultura portuguesa defienden la utopía a la que ha apelado el autor de La balsa de piedra. Mario Merlino, traductor de autores lusos, comenta: "Cualquier utopía, sea más o menos posible, siempre será mejor que la tendencia al encierro. Ciertos nacionalismos a ultranza creen que cuanto más se encierre el capullo, mejor será la seda. Reanudar la idea de una unión entre Portugal y España me parece una propuesta honesta y deseable y que alentaría cambios bienvenidos en América y las relaciones entre Brasil y los países de habla hispana". Ahora bien, no todos los españoles que han dedicado su vida al estrechamiento de los lazos entre los vecinos peninsulares se muestran favorables a una unión política. "Es una utopía porque con los dos países en la Unión Europea, en la práctica esa unión podemos darla casi por hecha. En cualquier caso, creo que una unión política ni es posible ni deseable". Esta opinión del catedrático de Filología Gallega y Portuguesa y traductor, entre otros, de José Saramago está sustentada sobre el nuevo papel de las naciones en la Europa de hoy. "En la definición clásica de nación", comenta Losada, "los pilares eran unas fronteras, una moneda y un ejército. Dentro de la Unión Europea han desaparecido esos tres elementos característicos de una nación".

Sin embargo, aquello que defienden con pasión tanto Losada como muchos otros lusistas españoles se refiere a la necesidad de una relación cultural más intensa, de un conocimiento mutuo mayor, de una presencia más amplia de la historia y la cultura de los dos países en los sistemas educativos a un lado y otro de la antigua raya, de un orgullo común por Cervantes o Camões, por Eça de Queiroz o Benito Pérez Galdós. "Ya no tiene sentido", afirma Losada, "recordar batallas o litigios antiguos entre España y Portugal. Hay que reforzar los intercambios culturales que, en honor a la verdad, se han incrementado mucho en las últimas décadas, en especial tras el ingreso de Madrid y Lisboa en Europa en el año 1986. Puedo entender que algunos portugueses tengan un sentimiento de que han sido colonizados al contemplar la céntrica Avenida da Liberdade llena de bancos españoles. De todos modos, esa influencia española no representa algo negativo en un ámbito de libertad económica".

El escritor Manuel Rivas, uno de los intelectuales españoles que mejor conocen Portugal, califica de "brincadeira" [una broma con aires de provocación] las declaraciones del premio Nobel portugués. "Existe una ironía interna en Saramago, y en su entrevista al Diario de Noticias lo que plantea es una agitación mental de cara a un país como Portugal, que se encuentra sumido en una profunda depresión". Si bien a Rivas le gusta mucho este ánimo provocador de Saramago, se apresura a matizar que el uso del lenguaje resulta anacrónico. "Estamos hablando de una España con comunidades autónomas o de dos países integrados en la Unión Europea. Están lejos ya los tiempos de las dictaduras de Franco y de Salazar, largas e idénticas, tan nacionalistas ambas y tan desconfiadas con el vecino". Rivas prefiere apostar por los intercambios culturales y por las relaciones comerciales en lugar de la unión política... El novelista gallego se permite, no obstante, un reproche a sus amigos portugueses. "Han sucumbido a una impresionante desmemoria hasta el punto de que no se estudia apenas la revolución de los claveles de 1974 y el dictador Salazar aparece votado, en una encuesta de televisión, como el portugués más importante de la historia".



Enlaces:
1º Noticia: http://www.elpais.com/articulo/internac ... iint_1/Tes
2º Noticia: http://www.elpais.com/articulo/internac ... iint_2/Tes

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¡VIVA IBERIA! Futura unión de España, Portugal, Andorra, Gibraltar, Rosellón e Iparralde.
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17 Jul 2008 13:29
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Quién lo diría, hace ya un año de todo aquel revuelo.

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17 Jul 2008 13:44
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Una buena dosis de realidad.


17 Jul 2008 14:03
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En cierto modo es lógico, desde España se ve como muy fácil pero el hecho de que Portugal se haya construído en contra de Castilla marca mucho...

El iberismo debe comenzar como algo cultural, ahondar en las cosas prácticas y luego ya se verá.

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Navegar es preciso, vivir no es preciso.


21 Jul 2008 20:23
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Registrado: 10 Sep 2007 18:29
Mensajes: 1834
Nota 
Tubal escribió:
En cierto modo es lógico, desde España se ve como muy fácil pero el hecho de que Portugal se haya construído en contra de Castilla marca mucho...



Tal com marca muito o facto de que a Espanha se tenha construido desprezando Portugal, e até a sua própria diversidade.



Tubal escribió:
El iberismo debe comenzar como algo cultural, ahondar en las cosas prácticas y luego ya se verá.



O iberismo será cultural, ou não será nada.

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"Todos os seres vivos tremem diante da violência. Todos temem a morte, todos amam a vida.
Projeta-te a ti mesmo em todas as criaturas. Então, a quem poderás ferir? Que mal poderás fazer?" Buda


22 Jul 2008 14:26
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Registrado: 04 Ago 2008 12:51
Mensajes: 46
Nota 
Alexandre escribió:


Tal com marca muito o facto de que a Espanha se tenha construido desprezando Portugal, e até a sua própria diversidade.



Resulta curioso que se diga esto de una nación que concede tales cuotas de autogobierno a sus regiones. Incluso en la época franquista, aunque no hubo enseñanza oficial en las lenguas regionales, sí que se permitió la publicación de obras en catalán y en gallego (menos en vasco porque hasta los 80 no hubo una versión estándar del vasco).

Comparemos con Francia, con Italia o con el mismo Reino Unido (Escocia, Gales e Irlanda del Norte tienen bandera, selección de fúbol e himno pero nada más).

Históricamente tampoco es de recibo el reproche, durante el reinado de los Austrias la carga mayor (fiscal y humanamente para alimentar los ejércitos imperiales) fue para Castilla (que fue la primera en ser sometida por las armas, recordemos la rebelión comunera). Los decretos de nueva planta de los Borbones "perjudicaron" a catalanes (aragoneses en general) eliminando privilegios medievales, pero les abrieron los mercados americanos.


28 Ago 2008 10:43
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