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Cuatro Siglos de Buen Gobierno (en castellano) 
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Nota Cuatro Siglos de Buen Gobierno (en castellano)
Aquí os dejo la primera ucronía española de la Historia (que esta dividida en 2 partes), escrita por Nilo María Fabra, y trata sobre como sería su época (finales del siglo XIX) si el infante Miguel de la Paz, hijo de Manuel I de Portugal y de Isabel de Aragón y Castilla (hija mayor de los Reyes Católicos) hubiera sobrevivido, en vez de fallecer a la edad de 2 años, convirtiéndose en rey de Castilla, Aragón, Portugal y Navarra.


CUATRO SIGLOS DE BUEN GOBIERNO

Parte I


El príncipe Don Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, bajo al sepulcro el 4 de Octubre de 1497, y su hermana mayor, Doña Isabel, reina de Portugal, le sucedió en el derecho de heredar el trono de Castilla, según las leyes de este reino; lo cual no impidió que Felipe el Hermoso, casado con Doña Juana, hija segunda de aquellos monarcas, reclamará para sí y para su esposa el título de Príncipes de Asturias.

Los soberanos españoles se apresuraron a protestar contra tan injustificada pretensión, y resueltos a destruirla por completo, llamaron a sus hijos, los de Portugal, y en 29 de Abril de 1948 hicieron reconocer y jurar por las Cortes, reunidas en Toledo, a Doña Isabel, esposa del rey Don Manuel, por sucesora legitima de la corona de Castilla; mientras, Don Fernando convocaba, para el 2 de Junio del mismo año, las Cortes aragonesas, a fin de que éstas, por la parte referente a aquel reino, tomarán el mismo acuerdo.

Graves dificultades opusieron las de Zaragoza a los deseos de la Familia Real, que de propósito había ido a dicha ciudad, pues la mayor parte de los representantes, invocando las leyes de Aragón, a pesar de ejemplos contrarios, profesaban el principio de que las hembras eran excluidas en la sucesión del trono. Después de prolija controversia, se decidió diferir la resolución hasta que ocurriese el alumbramiento de la hija mayor de los Reyes, que se hallaba encinta, a fin de que, en el caso de nacer un niño, proclamar a éste por heredero de la corona, en virtud de la disposición testamentaria de Don Juan II, según la cual, a falta de hijos varones se reconocía el derecho de sucesión a los descendientes varones de las hijas del monarca.

Conciliados sobre este punto los opuestos pareceres, no suscitó oposición alguna el reconocimiento del príncipe Don Miguel, a quien dio a luz, a costa de su vida, la virtuosa princesa Doña Isabel, el 23 de Agosto de 1498, en la misma ciudad de Zaragoza. Los cuatros brazos del reino de Aragón, reunidos el 22 de Septiembre, confirmaron su acuerdo con la jura solemne del tierno nieto de los Reyes Católicos, e hijo primogénito de los de Portugal.

En los primeros días del siguiente año, las Cortes de Castilla, congregadas en Ocaña, y en 17 de Marzo las de Portugal, en Lisboa, declararon a Don Miguel legítimo heredero de los respectivos reinos.


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Don Miguel I fue proclamado rey de Castilla en 1504, por muerte de Doña Isabel la Católica; de Aragón, en 1516, al espirar Don Fernando, y de Portugal, en 1521, en cuya época ocurrió el fallecimiento de Don Manuel el Grande.

Frisaba con los veinticuatro años el ilustre nieto de los Reyes Católicos, cuando juntó las coronas de Castilla, Aragón, Portugal y Navarra, en la Península, y fuera de ella, las de Nápoles, Sicilia y de los Imperios de las Indias Orientales y Occidentales, que a la sazón acrecentaban con pasmosa rapidez los navegantes españoles y portugueses.

Era Don Miguel un monarca de ánimo esforzado, de actividad incansable y de reflexivo y cultivado entendimiento. De su abuelo Don Fernando heredó aquella sagacidad y diplomacia que hicieron de él uno de los más hábiles políticos de su tiempo; de su abuela, la Reina Católica, los generosos impulsos y la tenaz perseverancia que dieron un mundo a España y completaron la obra de la Reconquista; de su madre, la piadoso Doña Isabel, los más puros sentimientos religiosos, aunque ajenos de superstición y fanatismo, y por fin, de su padre, el rey Don Manuel, aquel incesante deseo y noble ardimiento con que protegía y estimulaba las atrevidas empresas encaminadas a coronar la obra iniciada en Occidente por el genio portentoso de Cristóbal Colón, y en Oriente por la constancia indomable de Vasco de Gama.

Mas sobre tan relevantes cualidades descollaban en el joven soberano otras superiores a ellas, en una época en que las tendencias de un orden sentimental ahogaban la voz de la razón y de la conveniencia, y eran el sentido práctico, el claro y recto juicio y el espíritu eminentemente utilitario que presidían a todos los actos de su política.

Abatida, la grandeza turbulenta en el anterior reinado, reducidos a la impotencia aquellos soberbios magnates que ultrajaban la majestad del solio, respetado en todas partes el poder Real, reformadas las órdenes religiosas, merced al cristiano celo de Isabel, secundado por la austera energía de Cisneros, que durante la menor edad del Rey intervino en la gobernación de Castilla, organizada la Santa Hermandad, milicia creada para la defensa del orden social, que se convirtió en vigoroso campeón del trono contra las demasías de la nobleza, el gran rey Don Miguel comprendió que el reposo, la prosperidad y la ventura de su dilatada monarquía estribaban en el respeto de las veneradas instituciones populares y en el paulatino desenvolvimiento de éstas, unidas en estrecho e indisoluble vínculo con la Corona.

Era el propio tiempo forzoso dar cierta unidad a aquellos estados peninsulares, que discrepaban entre sí por sus leyes, usos, costumbres, y hasta por su lengua, y al efecto, con prudentes medidas, sin lastimar las preocupaciones locales, fue preparando la senda del sistema que alcanza tan alto grado de perfección en nuestros días, gracias al casi unánime concurso del cuerpo electoral, al desinterés de los representantes del país, y a la sinceridad y rectitud de los gobiernos: lógica consecuencia de los progresos de las costumbres políticas, después de tantos siglos, sin solución de continuidad, de un régimen encarnado en el espíritu de la nación ibérica.

En medio del caos en que estaban sumidas entonces las ciencias económicas, dio Don Miguel un raro ejemplo de previsión facilitando el libre tráfico entre todos los reinos europeos sometidos a su cetro, haciendo extensivos a los puertos de los mismos el privilegio, de que disfrutaban Sevilla y Lisboa, de contratar con las Indias, y por fin, autorizando, aunque con algunas restricciones, el comercio exterior. Si bien rindiendo tributo a las ideas proteccionistas de la época, o acaso impulsado por un móvil de alta política, prohibió en absoluto toda comunicación entre las colonias y los puertos extranjeros, permitió, en cambio, la extracción del oro y de la plata de la Metrópoli; metales que, abundando con exceso desde el descubrimiento del Nuevo Mundo, encarecían las mercancías y la mano de obra. Los resultados de esta sabia medida fueron tan inmediatos como eficaces: derramándose el numerario sobrante por Europa, abrió vastísimo mercado a las transacciones, se acrecentó en extremo con los retornos la riqueza pública, y se restableció el perdido equilibrio de la balanza mercantil, librándose la nación de verse pobre en medio de la superabundancia de aquellos metales preciosos estancados.

La supresión de las trabas impuestas al comercio colonial, y la concesión a todos los puertos de la Monarquía de las franquicias de que gozaban sólo Sevilla y Lisboa, contribuyeron en gran parte al afianzamiento de la unidad nacional, porque eran tan pingües los beneficios que reportaba el tráfico con los países ultramarinos a la industria y a la agricultura, que los diferentes reinos quedaron ligados entre sí en inquebrantable lazo por un derecho recíproco, por una utilitaria conveniencia y por una asociación de intereses materiales, vínculos más estrechos y poderosos que los creados por las combinaciones políticas, el espíritu regional o la fuerza de las armas.

Además, con esta reforma se aceleró el desarrollo y la prosperidad de las colonias, porque la emulación y la competencia, que nacieron al amparo del libre comercio, confirmaron pronto la bondad de una ley económica, revelada palpablemente por la experiencia.

Por tales derroteros dirigió Don Miguel su política interior.

En cuanto a la exterior, tuvo por constante objetivo los altos intereses del cristianismo y de la civilización, la defensa de la unidad nacional, el bienestar de sus súbditos y la seguridad del tráfico. Atento sobre todo a la situación geográfica de la Península, que constituía el núcleo de sus vastos dominios; con sobradas tierras, en los extremos Oriente y Occidente, por colonizar; con un enemigo en la costa opuesta del Mediterráneo a quien someter, comprendió que Iberia debía vivir, en lo posible, alejada de toda ingerencia en el resto de Europa, prescindiendo de aquellos derechos señoriales que no afectasen de un modo directo al porvenir de la patria. Así es que no mostró empeño en conservar el reino de Nápoles, eterna causa de discordias con Francia, seguro de que la posesión de aquel territorio le pudiera distraer de empresas más provechosas. En cambio retuvo y fortificó a Sicilia, que por su carácter insular era más fácil poner a cubierto de los ataques enemigos, y que por su posición estratégica constituía uno de los fuertes destacados para proseguir la guerra contra el islamismo.

Vencer a este y conquistar aquellos países, separados de España por un brazo de mar, fue el propósito de toda su existencia, y a esta política, con perseverancia seguida en los siglos posteriores, se debe la formación del grande Estado ibero-africano, que tiene por linderos, al Norte, el Garona; al Sur, el Atlas, y al Este, el desierto de la Libia.

Para el logro de tan altos fines, y sobre todo para la defensa de las apartadas colonias, se dedicó con particular predilección al fomento de la armada y a la creación de ejércitos permanentes, obra patriótica que con el mismo ardor continuaron sus sucesores, y así, ni los venecianos y turcos primero, ni los holandeses e ingleses después, pudieron hacer frente al poder marítimo de Iberia, la cual consiguió de esta suerte, no solo dar feliz remate a la obra de conquista de África, sino también salvar de la rapacidad extranjera las dilatadas colonias de la América del Sur, y sobre todo, el rico imperio indostánico, donde los portugueses habían fundado las primeras factorías.

Bajo tales cimientos asentada la política de la nación; sinceramente unida la dinastía tradicional con las instituciones populares; hermanado el trono con las libertades públicas, que el espíritu de los tiempos ha ido perfeccionando, sin revoluciones ni violencias; inspirados los altos poderes en los grandes intereses permanentes del país; seguida sin interrupción, en el espacio de cuatro siglos, la senda trazada por Don Miguel I, ¿debe sorprendernos acaso que Iberia, a pesar de sus vicisitudes, de sus crisis y de los grandes conflictos surgidos en Europa y América, sea todavía la primera potencia del mundo?

Aquel gran monarca, imitando a sus ilustres abuelos los Reyes Católicos, no tuvo residencia fija en ninguna de las ciudades de la Península; pero en el reinado siguiente se trató de designar la capital definitiva de la Monarquía. Era este punto motivo de rivalidades y de discordias entre varias poblaciones de los antiguos reinos, y el Soberano no quiso tomar resolución alguna sin el concurso de las Cortes. Con este motivo convocó por primera vez, en un solo Cuerpo, las de los diferentes reinos, dando, además, voto a las ciudades y pueblos importantes que carecían de él. Esta novedad, recibida con universal beneplácito, fue un gran paso hacia el perfeccionamiento del sistema parlamentario.

Se congregaron las Cortes en Toledo, y después de animados debates prevaleció el dictamen de la conveniencia pública, sustentado especialmente por los procuradores de los pueblos que por primera vez hacían uso del derecho de representación.

Toledo fue declarada capital de Iberia.

Las Cortes, no obstante, al proponer al Rey esta medida, le suplicaron encarecidamente que visitase con mucha frecuencia las grandes poblaciones de los antiguos reinos para ver de cerca sus necesidades.

Asentada Toledo en la margen de un río caudaloso, en el centro de la Península, con una extensa vega, numeroso vecindario, florecientes industrias y activo comercio, abundante de buenos materiales de construcción, próxima al delicioso sitio de Aranjuez, llena de monumentos que atestiguaban sus antiguas glorias, residencia del primado de España, parecía el punto destinado a ser el corazón de una gran potencia.

Se acordó que en lo sucesivo se reunirían en Toledo los procuradores de todos los reinos, cuando fuesen convocados por el Monarca para tratar de asuntos de interés general, sin perjuicio de las juntas parciales de cada uno de ellos en las cuestiones de carácter regional, y después las Cortes votaron un impuesto destinado a la construcción en la vega del soberbio edificio, asombro de propios y extraños, donde todavía celebran sus sesiones las Cámaras del reino.

En torno de aquel monumento, símbolo de las libertades patrias, repartida en anchas plazas y espaciosas calles tiradas a cordel, se fue edificando la ciudad moderna. Allí, sobre las márgenes bajas del Tajo, se admiran en el día las casas solariegas, propiedad de las más ilustres familias del país; numerosas y artísticas iglesias del estilo del Renacimiento; el Palacio Real, situado en la orilla izquierda del Tajo, que deja atrás al Louvre y a las Tullerías por su extensión y magnificencia; grandes museos, donde descuellan las obras del genio ibérico y se estudian los progresos de sus civilizadoras conquistas; la Universidad y considerables establecimientos de enseñanza, que ofrecen a la juventud, sin estipendio alguno, el pan del alma, y al verdadero mérito y al probado saber, justa y liberal recompensa; vastos cuarteles, albergue de los que en extranjero suelo esgrimen las armas, jamás manchadas de española sangre; suntuosos Tribunales de justicia, amparo solicitado y diligente de la razón atropellada; la casa del Ayuntamiento, centro de noble desinterés y cívica perseverancia; cómodos y elegantes coliseos, palenques solo del arte nacional; los Ministerios, término glorioso de la reconocida competencia y de la acrisolada rectitud; la grandiosa Bolsa, mercado universal de valores y santuario de la probidad y de la buena fe; el Banco, activo servidor del crédito ajeno y fiel guardián del propio; parques y paseos, con profusión de estatuas erigidas a los preclaros hijos de Iberia, y en magnifica abundancia, elegantes fuentes y murmuradoras cascadas; una campiña poblada de árboles seculares y de pintorescas quintas, donde el ánimo fatigado halla el dulce reposo del hogar en el seno de la Naturaleza; numerosas fábricas, cuyas humeantes columnas glorifican la conquista del hombre sobre la materia, y por fin, la soberbia ciudad de tres millones de almas, digna capital del mayor y más poderoso de los imperios, que eclipsa con su grandeza a París y Londres.

A tal prosperidad contribuyó en extremo la canalización del Tajo desde Aranjuez hasta su desembocadura, en cuya obra colosal, sobre todo para la época en que se llevo a cabo, se invirtió una parte de los beneficios de las minas de las colonias que correspondían al Estado. A fines del siglo XVI terminaron los trabajos, y desde entonces pueden remontar el río hasta buques de 200 toneladas.

La invención de los ferrocarriles, que comenzaron a construirse en la Península en el segundo tercio de este siglo, fue también poderoso auxiliar al engrandecimiento de Toledo, especialmente de su industria y comercio. El plan de las vías férreas respondió a las necesidades generales del país; los trazados se acomodaron a ellas y a la economía, sin tenerse para nada en cuenta las influencias personales o de localidad, y se obtuvo de esta suerte una gran baratura en las tarifas de transporte. Así es que los carbones de Puerto-Llano y Belmez se colocan en Toledo a tan bajo precio, que compiten con los ingleses traídos por la vía fluvial.

Gracias a esta facilidad de comunicaciones, renacieron y se desarrollaron en el centro de la Península las industrias que de antiguo existían, las cuales, librándose de inminente ruina, evitaron el empobrecimiento de unas provincias que, poseyendo, en lo general, un suelo ingrato, necesitan el concurso de la industria para no arrastrar vida trabajosa y miserable.

La elección de capital, aunque parece un simple incidente histórico, ejerció grande influencia en los destinos de nuestra patria, pues estableciéndose aquella en un centro donde pudo desarrollarse en grande escala el comercio, la industria y la agricultura, infundió a la gobernación del Estado un sentido utilitario y práctico; dio al resto del país constante ejemplo de amor al trabajo; abrió ancho campo a la iniciativa individual, y alejo a la ambición, que veía ante si más dilatados horizontes, de las estériles luchas de la política y de las esperanzas burocráticas.

En el artículo siguiente expondremos cómo salió el reino de las grandes crisis que surgieron en el mundo, y particularmente de la relativa a la emancipación de los Estados suramericanos, y veremos el prodigioso incremento que tomó la riqueza pública en toda la Península al amparo de la paz interior y de la sabia política de la dinastía nacional, fiel intérprete de los altos intereses, de las tradicionales necesidades y de las verdaderas aspiraciones de la sociedad ibérica.



Parte II


El sentimiento religioso, que tendía a la unidad; los odios populares contra los enemigos de la fe, y acaso la influencia de errores y preocupaciones económicas, produjeron durante el reinado de Isabel y Fernando la proscripción de España de la raza hebrea. Expulsados fueron también, en gran parte, los moriscos de Granada, a pesar de las capitulaciones de la Vega, violadas primero por aquellos con sus turbulencias y rebeldías.

No podían ocultarse al claro talento y al buen juicio de Don Miguel, aunque heredó de su madre la aversión a los judíos, los grandes perjuicios que ocasionaba al comercio y a la riqueza pública el destierro de aquellos industriosos habitantes, y así no es de extrañar que, obrando como hábil político, abandonara en este asunto el sistema de la intransigencia y del rigor, ejemplo seguido más tarde por Francia, Inglaterra e Italia, que, después de arrojar de su territorio a los hijos de Israel, volvieron a admitirlos y a tolerarlos.

Harto más peligrosa era la permanencia en la Península de los moriscos, porque aquella gente ruda, ignorante y levantisca amenazaba constantemente el general sosiego; pero el Gran Monarca, sin discordias intestinas que aplacar, ni guerras europeas que entretener, ni disputados derechos señoriales que amparar; seguro del poderío que le daba la concentración de su política, eminentemente nacional, no turbada ni menoscabada por influencias exóticas, armado de sobrados medios materiales para reducir a la impotencia todo acto de fuerza, inauguró un procedimiento, que con el transcurso de los años había de unir y confundir aquella raza con la ibérica. A la crueldad del opresor opuso el generoso amparo del magnánimo; a la arbitraria persecución, la solicita justicia; al forzoso bautismo, la cristiana persuasión; a los planes de exterminio, las puras máximas del Evangelio; a la espada, la cruz.

Preciso fue crear misioneros especiales, instruirlos en la lengua de los moriscos, ilustrar a éstos, cuyo apego a las groseras supersticiones nacía de su rústica condición; vencer preocupaciones populares, extirpar abusos y facilitar los matrimonios mixtos.

Gracias al celo perseverante de la Corona, secundado por muchos prelados que no estaban por la expulsión, y pedían el empleo de medios suaves para convertir y catequizar a los descendientes de los moros, se evitó la ruina de la agricultura y el empobrecimiento y despoblación de la Península. ¡Notable triunfo del sentido práctico sobre un fanatismo acaso disculpable después de la lucha religiosa de ocho siglos!

Consecuencia de esta lucha fue el establecimiento del Santo Oficio en tiempo de los Reyes Católicos; más Don Miguel, aunque no pudo sustraerse por completo del espíritu de la época, procuró impedir los rigores de aquella institución, accediendo a las súplicas de las Cortes, que pedían al Monarca que mandará proveer de manera que en el oficio de la Santa Inquisición se hiciese justicia, guardando los sacros cánones y el derecho común, y que los obispos fuesen los jueces, conforme a justicia.

También atajó con prudentes medidas el incremento de la amortización eclesiástica, dando satisfacción a los procuradores de las ciudades, que se expresaban en estos términos: Que ninguno pueda mandar bienes raíces a ninguna iglesia, monasterio, hospital ni cofradía, ni ellos los puedan heredar ni comprar, porque, si se permitiese, en breve tiempo sería todo suyo.

La aparición de la Reforma en Alemania, las pavorosas guerras religiosas que trajo consigo la plaga de las herejías, no dejaron de inspirar profunda inquietud al soberano que regía los destinos de Iberia; más pronto la experiencia le demostró que, sin necesidad de encender las hogueras inquisitoriales, no echaría raíces en nuestro suelo el principio del libre examen, doctrina que no ha encontrado jamás verdadera resonancia en los pueblos meridionales.

Los príncipes católicos solicitaron la alianza peninsular para combatir a los rebeldes sectarios, y aunque encontraron siempre decidido apoyo moral, no obtuvieron jamás auxilios materiales de la dinastía miguelina, fiel a su política de abstención en las contiendas europeas. ¿Acaso no ofrecía más provechoso campo a su actividad, y más conforme con las tradiciones nacionales, la guerra incesante contra el mahometismo? ¿No debía absorber toda su fuerza y pujanza la conversión y conquista de los vastos territorios del extremo Oriente, cuya vía marítima hallaron los portugueses, y del Mundo Occidental, descubierto por los españoles en medio de las soledades del Océano?

La rivalidad de Iberia con Inglaterra, siendo ambas potencias colonizadoras, no pudo menos de dar por fruto repetidas y encarnizadas luchas en el mar y en las colonias; pero, como la primera aventajaba en fuerzas navales a las demás naciones, merced a la superioridad de recursos, vio siempre coronadas por el éxito sus campañas, haciendo vanos los esfuerzos de la soberbia Albión, que codiciaba el rico imperio indostánico. El resultado fue que aquella, reconociendo, al fin, su impotencia, se limitará a la colonización de la América del Norte.

Celosa también Francia de nuestro engrandecimiento, invocando sus pretendidos derechos sobre el Rosellón y sobre Navarra, intentó, en ocasiones varias, invadir el territorio, sin que jamás consiguiese salvar la frontera, porque ésta se encontraba tan bien defendida por un sistema de fortificaciones constantemente perfeccionado según los adelantos del arte militar, que hacía invulnerable la sagrada tierra de la patria.

Esos ataques infructuosos, unidos a los reveses que, tomando la ofensiva, hicieron sufrir nuestras armas a las de la nación vecina en las vertientes septentrionales del Pirineo, acabaron por convencer al Gobierno de París de cuanto le importaba la amistad de un Estado tan poderoso, el cual, por otra parte, ni se inmiscuía en asuntos ajenos, ni atizaba la tea de la discordia en Europa, ni reivindicaba para sí derechos en la península itálica, donde Alemania, Francia y Venecia se desangraban en perpetuas luchas.

Mientras las demás naciones, confundiendo lastimosamente los derechos señoriales de los soberanos con la conveniencia de los pueblos, se disputaban la posesión de territorios, muchas veces sin valor intrínseco ni estratégico; mientras Alemania, Inglaterra y Francia se veían devoradas por guerras religiosas; mientras declinaba rápidamente a su ocaso la república comercial de Venecia, porque los descubrimientos marítimos habían producido una revolución en el tráfico, el Imperio ibérico proseguía con ardor la guerra contra la Media Luna, la colonización de sus vastas y dilatadas provincias ultramarinas, y a la sombra de una paz interior jamás turbada, el fomento de sus intereses materiales.

Si la emigración a las Indias arrebataba brazos a las artes, el Gobierno, siguiendo la senda trazada por los Reyes Católicos, estimulaba la naturalización de los extranjeros, y si la experiencia ponía de manifiesto errores económicos y abusos administrativos, con solícito celo acudía al pronto remedio el poder Real, ajeno a la cortesana molicie, sordo a las influencias personales, refractario al yugo de los validos, y atento solo a las necesidades de los pueblos, fielmente reflejadas en las representaciones de las Cortes.

Esta institución debía necesariamente adquirir notable desarrollo y perfeccionamiento, después de varios siglos de práctica no interrumpida ni falseada, y por lo tanto, no es de extrañar que la Revolución francesa, que perturbó a Europa y a América con sus principios, apenas encontrase eco en Iberia, pues aquí se habían implantado, por medio de una serie de evoluciones lentas y progresivas, derechos y libertades que en otras partes conquistaron la violencia y el trastorno.

Más, si en la esfera de las ideas no produjo aquel acontecimiento considerable influencia en nuestro país, la tuvo, y grande, en la política exterior de la corte de Toledo. En vano intentó ésta perseverar en su constante propósito de vivir alejada de las contiendas europeas. Cuando vio amenazadas sus colonias por una propaganda cosmopolita, que no había afectado a la Península; cuando se persuadió de las arterías de la vecina nación y de los manejos de los Estados de la América del Norte, que acababan de emanciparse de Inglaterra, para producir un levantamiento en el Sur contra la madre patria, entonces, y solo entonces, echó su espada en la balanza de los destinos de Europa, y su entrada en la Santa Alianza bastó para aniquilar y destruir aquel genio de la guerra, que asombraba al mundo con sus proezas.

Gracias a esta intervención material, la monarquía ibérica ensanchó sus fronteras hasta el Garona; pero, en cambio, tuvo que resignarse a perder sus extensas provincias del continente americano, donde el fuego de la insurrección se había propagado de una manera formidable durante la guerra contra Francia.

La campaña fue encarnizada, aunque corta, pues pronto el Gobierno se convenció de la inutilidad de prolongar una lucha que comprometía sus futuros intereses en la América latina. Entonces, en vez de avivar los odios y rencores con insensatas intransigencias entre las colonias emancipadas y la antigua Metrópoli, se propuso con hábil política suavizar asperezas, vencer obstáculos e infundir a las nacientes repúblicas sentimientos de paz y concordia.

Animado de este espíritu de conciliación, se apresuró a reconocer la independencia de aquellas, alentándolas en los primeros pasos de la vida política, uniéndolas a la Península con tratados de comercio y de alianza ofensiva y defensiva, juntándolas en una confederación suramericana, y sólo reservando para sí algunas islas en el Golfo Mejicano, a fin de que sirviesen de perpetuo vínculo entre una misma raza del Nuevo y Viejo Mundo.

Esta política, basada en el principio del amparo común y de la defensa recíproca, dio por resultado impedir que los Estados Unidos del Norte, cuando llegaron a verse fuertes y poderosos, lograran dilatar sus límites, como codiciaban, a costa de los ricos territorios de la Alta California y de Texas; y así la rapacidad de la raza anglosajona se estrelló ante la unión inquebrantable de la ibérica de ambos hemisferios.

Al amparo maternal de la antigua metrópoli las nuevas repúblicas americanas crecieron y se desarrollaron sin discordias intestinas, y sin las convulsiones inherentes a los estados donde no se han arraigado las costumbres políticas, y en el espacio de breves lustros, merced a la riqueza de su suelo, a la inmigración estimulada por la paz, al perfeccionamiento del sistema económico y a los progresos de la civilización, llegaron al más alto grado de prosperidad y de grandeza en el orden moral y material. Así vemos hoy día cruzada la América del Sur por una vasta red de ferrocarriles; explotados los inagotables tesoros de las ricas, vastas y diferentes regiones que se extienden desde el río Sacramento y las Antillas hasta el Cabo de Hornos; surcados los mares por numerosas escuadras mercantiles que enarbolan la estrellada bandera de la gran Confederación Meridional; respetada ésta por todas las naciones, y viviendo a cubierto de las impertinentes reclamaciones y enojosas oficiosidades de Inglaterra, de Francia o de los Estados Unidos; establecidas industrias para el consumo interior, que han anulado la exportación de las manufacturas extranjeras; abierta la cordillera de los Andes, siguiendo el desfiladero de Bariloche, por medio de la vía férrea que une las florecientes repúblicas del Plata con su hermana la culta y civilizada Chile; y finalmente, roto a la navegación interoceánica el istmo de Panamá, merced a la iniciativa ibero-americana, sin necesidad de ajeno concurso ni de protección extraña.

¿Deben maravillarnos tales prodigios, si la madre patria, acostumbrada al gobierno de sí misma, legó a la América latina el sentido práctico, la iniciativa individual, la libertad del trabajo, la emancipación del comercio y las costumbres políticas, producto de una serie no interrumpida de sabias y profundas reformas, que habían convertido a la sociedad ibérica en la más perfecta de Europa, por sus adelantos bajo el punto de vista moral y por sus progresos materiales?

Más apartado los ojos de las naciones de allende el Atlántico, que son ser de nuestro ser y sangre de nuestra sangre, y rindiéndolas de pasada el tributo de nuestra eterna simpatía, volvámoslos a este pequeño mar Mediterráneo, cuna de la civilización, que con el transcurso del tiempo y por la fuerza incontrastable de las cosas, Iberia, fiel a su tradicional política, estaba llamada a redimir de la barbarie del islamismo.

Mientras adelantaba la conquista y colonización de la costa septentrional africana, la necesidad de la defensa exigió la ocupación de varias islas de Levante, que fuesen a manera de fuertes destacados sobre el imperio Otomano. Como base de operaciones sirvió en gran parte Sicilia, que ya pertenecía a la corona aragonesa antes de la unión de los reinos peninsulares. Las islas Jónicas, de Creta, de Ródas y otras del Archipiélago, y por fin, la de Chipre, fueron el premio de las victorias navales de Iberia, cuyas escuadras acabaron por destruir el poder marítimo de la Sublime Puerta.

Y cuando Turquía, carcomido tronco de árbol plantado en tierra estéril, dio manifiestos indicios de su total ruina; cuando se alzaron los oprimidos vasallos cristianos al grito de independencia, a nuestra patria debieron la libertad Grecia, Serbia, Bulgaria y aquel noble pueblo rumano, que blasona con legítimo orgullo de su antigua alcurnia española.

Si estas conquistas al Este del Mediterráneo eran de escaso valor mercantil, como puntos de escala mientras el enemigo impedía el libre tráfico con el extremo Oriente por el mar Rojo, adquirieron una importancia de primer orden desde el momento en que se abrió esta vía al comercio, y sobre todo cuando el canal de Suez puso a la Península a veinte días de navegación directa de sus posesiones indostánicas.

La constante protección dispensada por los gobiernos ibéricos a las empresas de general utilidad y conveniencia, produjo la canalización del Tajo, de que hablamos en el artículo precedente, la del Ebro hasta Zaragoza, y la de muchos otros ríos, ya para la navegación, ya para el riego. Conforme venían reclamando las Cortes desde el siglo XVI, pidiendo que se plantasen montes por todo el reino y se guardarán las ordenanzas de los que había, se fomentó en grande escala el arbolado; previsora medida que redundó en provecho de la agricultura, cada vez más prospera y floreciente, incluso en las extensas llanuras de la Mancha y de Castilla la Vieja, donde con el transcurso de los años, gracias a la influencia de aquél, mejoraron las condiciones productivas del suelo. Innumerables carreteras y caminos en perfecto estado de conservación facilitaron el tráfico por todas partes, y cuando se inventaron los ferrocarriles, Iberia fue una de las primeras naciones que los establecieron, construyendo en el espacio de cinco lustros muchos miles de kilómetros, sin necesidad de ajeno auxilio; tal era la masa de capitales que encerraba en su sena, y tal el espíritu emprendedor de sus hijos.

Abierto el canal de Suez, las transacciones de la Península con nuestro imperio del Indostán y el extremo Oriente convirtieron a Barcelona en el primer puerto del mundo, por el número de buques que lo lograban, y en el centro industrial más importante, llegando su engrandecimiento al punto de componerse hoy la población de aquella ilustre ciudad de dos millones y medio de habitantes. A la vez prosperaron Tarragona, Valencia, Alicante, Cartagena y los demás puertos del litoral mediterráneo, enriquecidos principalmente con el comercio de Levante, mientras que Cádiz, Sevilla, Lisboa, Oporto, Vigo y toda la costa cantábrica entretenían activísimo tráfico con los Estados de la América latina y con nuestras posesiones del África occidental.

En las altas esferas del poder domina un sentido político a todo encarecimiento, y no se presenta o propone reforme útil y de prácticos resultados, que no se lleve a cabo sin espaciosos pretextos, ni negligente abandono, ni parlamentarios entorpecimientos, ni livianos y ridículos temores.

La incompatibilidad de todo cargo público con el de diputado a Cortes ha venido rigiendo desde el siglo XVI, conforme con los deseos expresados por las mismas, a los cuales atendió siempre la Corona con solícito celo. También procuró ésta que las elecciones se verificasen con la mayor libertad, sin influir ni directa ni indirectamente en el nombramiento de representantes.

Así es que las Cortes vivieron siempre rodeadas del prestigio que les daba su autoridad e independencia, porque el pueblo veía en ellas el fiel reflejo de las aspiraciones de la opinión pública y de las necesidades e intereses del país.

Más si tales progresos políticos y materiales se han realizado en nuestra patria en el transcurso de cuatro siglos, ¡cuán grandes infortunios no lloraríamos ahora si la muerte, arrebatando en flor a Don Miguel I, último vástago varón de las dinastías nacionales, hubiese elevado al trono español a la casa de Austria, convirtiendo a la nación señora de tantos pueblos, en feudo de una familia ajena a nuestras costumbres, de distinta raza, enemiga de las libertades populares, obligada a amparar derechos patrimoniales en Europa, que ni directa ni indirectamente afectaban a la Península, encarnación del despotismo que inmolaba la razón de Estado a un derecho personal, blanco de los odios y rencores de príncipes poderosos, obligada a defender los disgregados territorios de su herencia, y en fin, sin abnegación ni alteza de miras bastantes para deponer el interés privado en aras del vital principio de la nacionalidad ibérica y del afianzamiento de su unidad política y geográfica!

Acaso entonces no se hubiera podido completar definitivamente la fusión de los antiguos reinos, ni se hubiera constituido esta gran potencia europea-africana, que la locomotora recorre hoy desde las verdes campiñas girondinas hasta las abrasadas regiones del Sahara, salvando el Estrecho de Gibraltar merced a un túnel submarino de veinte kilómetros de longitud.

¡Obra gigantesca, reservada sólo al genio ibérico, como perpetuo testimonio de su elevada y civilizadora misión en el continente africano!


Escrito en 1885 por Nilo María Fabra

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23 May 2008 14:50
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Una cosa. Alguien que sepa del photoshop y esas cosas, ¿podría poner un mapa del mundo señalando lo que seria la Iberia de Nilo María Fabra? ¿Y para concretar, otro mapa pero sería de Europa y el Norte de África (o el Mediterráneo), señalando los territorios ibéricos según Fabra?

Para ayudar en ello pongo el territorio conquistado, según la ucronía, tras la guerra contra Napoleón. El territorio podría ser el limitado hasta el Garona y el Canal del Mediodia, o hasta el Garona, tomando como ibérico el Rosellón.
En los siguientes mapas, sacados de la Wikipedia, se ponen el curso del Garona hasta el Canal del Mediodia y el curso del Garona.

Curso del Garona y del Canal del Mediodia, unidos:

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Curso del Garona:

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24 May 2008 12:59
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Südeuropa ca. 1890

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24 May 2008 16:33
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Y ahora un reto... ¿Quién se atreve a continuar la ucronía de Don Nilo hasta la actualidad?

A por los 5 siglos de buen gobierno.

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24 May 2008 17:54
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carlosos escribió:
Y ahora un reto... ¿Quién se atreve a continuar la ucronía de Don Nilo hasta la actualidad?

A por los 5 siglos de buen gobierno.


Yo lo haría, pero en cuanto acabará mis examenes, y haría esa, la que tenía de antes que tuve que retirar ante mis continuos cambios, y una, más realista, teniendo al infante Miguel como primer rey de Iberia o España (el término España fue apropiado por el primer Borbón español, Felipe V, por lo que no hubiera habido conflicto por ese término), porque Fabra pone todo el reinado muy utópico, pues parece que la dinastía miguelina fue perfecta y nada, ni antes ni ahora, puede ser al 100% perfecto.

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24 May 2008 20:09
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Vale, y ves algún error gordo en el mapa?

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24 May 2008 20:26
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Bueno, me refiero a que esa Iberia del siglo XVI no podía ser neutral ante lo que pasaba en Inglaterra (con el anglicanismo, además de que Enrique VIII se divorció de Catalina de Aragón, tía de Carlos I de España (y V de Alemania) y del infante don Miguel), Francia (constantes amenazas al Rosellón, Navarra, Napoles y Sicilia), la reforma protestante utilizada por algunos príncipes para luchar contra Carlos V (recordemos que en esa época era muy normal las alianzas familiares), etcétera.

La política exterior que pone Fabra, es que la pone como la de Suiza salvo cuando no tiene remedio intervenir.

Además, me hubiese gustado que pusiera como vivían los terrenos norteafricanos de esa Iberia, pues que eran: ¿colonias o provincias similares a las peninsulares? ¿se les ha respetado su religión o se les ha ido convirtiendo al cristianismo, salvo que hayan fomentado las expulsiones?

Y también saber cual era la política matrimonial que llevaba a cabo: ¿se casaban con franceses, italianos, austriacos, alemanes, ingleses o escandinavos?

Sin embargo, hay pequeños detalles que me han interesado mucho como que la independencia iberoamericana fue asimilada rápidamente y estableciera con los nuevos estados políticas de colaboración y ayuda mutua, sobre todo contra Estados Unidos (ejemplo de los independentistas americanos), Inglaterra, Francia y Holanda. O ser Iberia la potencia liberadora de los pueblos balcánicos, en vez de ser Reino Unido, Rusia o Austria.

Además, habría que poner las consecuencias, tanta futuras como pasadas, de lo que hubiera sucedido según la ucronía de Fabra, pues en la Primera Guerra Mundial, con Iberia dominando toda la Francia al sur del Garona, Francia nos hubiera atacado seguramente, poniendo a Iberia en contra de Francia, Reino Unido, Rusia, Italia (que reunificada la península, querría conquistar Sicilia y Cerdeña), Grecia (que querría conquistar las islas ibéricas del Egeo y Chipre), Estados Unidos (para conquistar lo que de verdad conquistó a Mexico, y Cuba, Puerto Rico y Filipinas (que seguramente serían llamadas como Miguelinas, porque fueron llamadas en honor de Felipe II) y los pueblos eslavos liberados por la propia Iberia (salvo que estableciese una neutralidad con ellos), y a favor del Imperio Alemán, el Imperio Austro-Hungaro, el Imperio Otomano y las repúblicas iberoamericanas.

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26 May 2008 20:24
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Pero claro, el pobre Don Nilo no tenía ni idea de la que se venía encima.

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26 May 2008 20:25
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carlosos escribió:
Pero claro, el pobre Don Nilo no tenía ni idea de la que se venía encima.

Ya.

Imaginate que las Filipinas se hubieran llamado las Miguelinas. :lol:

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26 May 2008 20:27
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Por cierto, he estado informándome un poco sobre D. Nilo y tengo que decir que me resulta una persona muy interesante, fue el fundador de lo que dió origen a la agencia EFE, además de ucronías escribió relatos de ciencia-ficción y política-ficción.

Por cierto, en "La Saga de los Aznar", obra del autor español de ciencia-ficción Pascual Enguídanos, se habla profusamente de una Federación Ibérica. Aunque creo que aquí se le va más la olla, ya que incluye a Latinoamércia y es una historia más galáctica que otra cosa.

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26 May 2008 23:05
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Pues acabo de encontrar una ucronía sobre que hubiera pasado si Miguel de la Paz hubiera sobrevivido, con mapas y todo, pero el inconveniente es que está en inglés.

En el siguiente enlace se encuentra: http://www.alternatehistory.net/discuss ... hp?t=39657

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28 May 2008 12:24
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Es que los de AH son la caña.

La he leído por completo, es bastante compleja y supera con mucho mis conocimientos de historia, pues implica a muchas naciones y en algunos tramos resulta difícil de seguir.

En lo positivo diría que es remarcable que España y su imperio fueran el motor de las reformas liberales, la revolución industrial y el desarrollo científico. Hace mención al urbanismo y la arquitectura, lo cual le hace ganar puntos para mí. Me ha gustado lo de que España busque alianzas para frenar la amenaza otomana. Muy curioso lo de entronque de los Trastamara con la casa imperial China.

En lo negativo creo que es increíble que todo esto derivase de la muerte de un niño de 2 años, que se es demasiado severo con Francia, un progreso muy lento por el Mediterráneo y sobre todo que acabe en 1850... me hubiera encantado ver como habría sido la carrera por África, las posibles Guerras Mundiales, o la descolonización de América, Asia, África y Oceanía.

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28 May 2008 12:25
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Cuando acabé los examenes de junio (que, si tengo suerte, acabaré el 19 de junio) haré una ucronía basada en que el infante Miguel de la Paz de Avís y Trastamara sobreviva a esa enfermedad que le mató y trataré de que sea más realista que la de Fabra y de AH, pero que llegue hasta la actualidad, y no pondré a España (porque recordemos que el término España, o las Españas, significaba hasta la llegada de los Borbones a España lo mismo que significa para nosotros Iberia) siempre a la cabeza pues un imperio, con el nivel tan radical en cuanto adelantos técnicos y científicos, duran cada vez menos.
Algunos de los elementos de esa ucronía serían los siguientes: habría un gran conflicto dinástico (así acabó la dinastía portuguesa de Avís en 1580, a pesar de que Manuel I, padre del infante Miguel, tuviera más de 10 hijos, y varios fueron reyes); Gibraltar la perderíamos durante algunos años (debo crear mi ciudad, y se creó para vigilar a Gibraltar :D ); habría una gran guerra colonial muy importante en América y Asia (en la que intervendría Blas de Lezo), una gran Guerra Mediterránea contra el Imperio Otomano y sus aliados argelinos; tal vez una expedición parecida a la Armada Invencible pero no a Inglaterra (directamente al menos); habría contactos pacíficos, y no tan pacíficos, con Japón, China, India, Siam y Persia; habría revueltas indigenas y etnicas en las colonias; se podría adelantar o retrasar la llegada de los nacionalismos en Europa y el mundo (recordemos que fue una consecuencia de la Revolución Francesa); etcétera.

Lo que puede ser negativo es que alguien tendría que hacer los mapas, tanto europeos como mundiales, para fijar cada etapa histórica (cada 25 o 50 años), como pasa en la ucronía de AH.

¿Qué os parece mi idea, compañeros?

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28 May 2008 19:16
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Genial. :D


28 May 2008 19:41
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Hola a todos,

soy nuevo en este foro. Lo he descubierto hace apenas una hora, aunque siempre me ha interesado enormemente la idea de la unión Ibérica. Estaba revisando lo que aquí se decía y de golpe me he topado con un texto que llevaba tiempo buscando, "Los Cuatro Siglos de Buen Gobierno" y no sólo eso sino que además ¡me encuentro un enlace a una de mis líneas temporales en el foro de AH!

Tengo un relato un poco más largo en el que Miguel da Paz sobrevive, pero el punto Jumbar es otro...

http://www.lulu.com/content/1846337


04 Ago 2008 12:57
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Bienvenido Condottiero :D


04 Ago 2008 13:03
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Nota a algunos ucronistófilos:

Si Iberia se hubiese unificado bajo Miguel de Aviz-Trastámara, no hay por que pensar que se hubiesen desarollado colonias inglesas (=Estados Unidos), o que hubiese habido una segunda guerra mundial etc. etc. etc.


04 Ago 2008 13:07
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Hombre Condottiero... de algo me sonaba a mí ese nick.

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04 Ago 2008 14:34
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Iberiana escribió:
Nota a algunos ucronistófilos:

Si Iberia se hubiese unificado bajo Miguel de Aviz-Trastámara, no hay por que pensar que se hubiesen desarollado colonias inglesas (=Estados Unidos), o que hubiese habido una segunda guerra mundial etc. etc. etc.


Es lo que tienen las mariposas, que aletean en Cuenca y la lían en Wellington... en mi TL no había Estados Unidos y aunque hubo algunos conflictos mundiales, no reunían los mismos bandos. La pena es que me quedé en 1850.


04 Ago 2008 16:15
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Bienvenido Condottiero.


04 Ago 2008 18:06
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Registrado: 24 Jul 2008 02:37
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Condottiero escribió:

Es lo que tienen las mariposas, que aletean en Cuenca y la lían en Wellington... en mi TL no había Estados Unidos y aunque hubo algunos conflictos mundiales, no reunían los mismos bandos. La pena es que me quedé en 1850.


Si Miguel heredaba España - Carlos V (de ser coronado emperador) se hubiese concentrado en Alemania. ¿Hubiese habido reforma protestante? Holanda/Bélgica hubiesen permanecido integras con el imperio...¿Sus puertos hubiesen sido la base para un imperio colonial alemán? ¿Alemania y no Inglaterra la gran rival de España en Norte América? Quien sabe...


04 Ago 2008 20:31
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Registrado: 04 Ago 2008 12:51
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Iberiana escribió:
Condottiero escribió:

Es lo que tienen las mariposas, que aletean en Cuenca y la lían en Wellington... en mi TL no había Estados Unidos y aunque hubo algunos conflictos mundiales, no reunían los mismos bandos. La pena es que me quedé en 1850.


Si Miguel heredaba España - Carlos V (de ser coronado emperador) se hubiese concentrado en Alemania. ¿Hubiese habido reforma protestante? Holanda/Bélgica hubiesen permanecido integras con el imperio...¿Sus puertos hubiesen sido la base para un imperio colonial alemán? ¿Alemania y no Inglaterra la gran rival de España en Norte América? Quien sabe...


Si hubiese sido capaz de lidiar con la cuestión religiosa no hubiese sido descabellado pensarlo, pero se habría tenido que enfrentar a la amenaza combinada de Francia y del Imperio Otomano en sus fronteras con lo que habría tenido que buscar apoyos fuera, Inglaterra no tenía capacidad de enfrentarse a Francia con lo que el aliado natural habría sido España y no creo que se hubiese arriesgado su apoyo por territorios lejanos.


28 Ago 2008 09:26
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Registrado: 04 Ago 2008 12:51
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Estoy preparando algo más elaborado, pero de momento a ver que os parece:

La segunda mitad del siglo XIX vio el nacimiento de diversas ideologías totalitarias en la vieja Europa, cuyos pueblos hastiados de los interminables conflictos entre las naciones del norte y el centro del continente querían explorar nuevas alternativas. Así surgieron la ideología colectivista del Veneciano Iacopo di Monte y la espartaquista del sajón Johann Tischer. Ambos autores partían de los mismos supuestos falsarios que pretendían rebatir las teorías económicas liberales de la Escuela de Salamanca, así como todo el conjunto de leyes que ésta legó al mundo para regir y ordenar las relaciones internacionales y los derechos y obligaciones de todos los hombres ya fuesen estos cristianos, judíos, musulmanes o paganos. Aunque ambos tiranos diferían en las formas, ya que las ideas de Tischer se encaminaban a un estado neo-pagano militarista y las de di Monte a un estado ateo fuertemente restrictivo de las libertades individuales.

Tal vez la Monarquía Ibérica y sus Cortes cometieron el error de pensar que sus vecinos del norte se agotarían una vez más en un conflicto en el que los pueblos Ibéricos y sus aliados del Este Europeo podrían escapar una vez más.

La primera señal de alerta fue la pretensión de repartir las tierras que no habían sido colonizadas ni por Inglaterra, ni por los pueblos Ibéricos por parte de los estados del Centro y del Norte de Europa. Aunque el rey inglés estaba dispuesto a un reparto que le permitiese crear un imperio africano y asiático que compensase los territorios perdidos en América del Norte, el rey ibérico se negó a aceptar este acto que buscaba más la obtención de riquezas a costa de los pueblos menos desarrollados que a alumbrarlos con el faro de la civilización occidental. Nadie se atrevió a desafiar a la poderosa armada ibérica aunque en secreto comenzaron a conspirar y era inevitable que una coalición internacional tratase de romper la hegemonía ibérica.

La segunda señal se produjo en Italia cuando los venecianos al mando de di Monte comenzaron un proceso de reunificación italiana que le llevó a absorber a los reinos de Nápoles, Toscana y Milán y a amenazar a los disminuidos territorios pontificios. Intervino entonces el ejército ibérico lo que permitió que el pontífice salvase su autoridad sobre Roma y algunas villas cercanas, que quedó más como un protectorado ibérico en Italia. Se llegó a plantear incluso el traslado de la Santa Sede a Santiago de Compostela.

La tercera señal se produjo en el norte, cuando las ideas espartaquistas prendieron en Francia que inmediatamente agredió a Flandes, a la República Holandesa y a la República Renana. Formando con ellas y con otras naciones espartaquistas la Liga del Norte.

No hubo más señales y la guerra fue corta y brutal, en la que la superioridad técnica de las fuerzas ibéricas tuvo que hacer frente a la ciega agresión de ambas tiranías en los Balcanes, en el Mediterráneo, en Francia, incluso en el Indostán y en China. El papado fue evacuado de Roma a Santiago de Compostela y las terribles ideologías totalitarias norte-europeas mostraron su rostro más cruel al tratar de exterminar a distintas minorías étnicas y religiosas.

Este último hecho desarrolló un creciente interés entre los ciudadanos ibéricos que desde entonces mostraron una gran preocupación por las minorías culturales y religiosas de todo el mundo.

El nuevo siglo, el último del milenio, comenzó con un tratado de paz que algunos trataban que fuese lo más duro posible con aquellos que habían provocado el conflicto, sin embargo el rey Ibérico, inspirado por las Cortes, propuso otro muchísimo más leve y que implicase una reconstrucción en la que los europeos pusiesen la mano de obra, los ibéricos la tecnología y las naciones africanas que lo deseasen podrían participar con materias primas que serían pagadas con transferencias técnicas.

Una década más tarde, cuando la reconstrucción de Europa y la industrialización del África Oriental y Austral había sido casi completada se planteó la cuestión de la situación política del Indostán Ibérico que reclamaba un estatus similar al que gozaban las repúblicas americanas. Las cortes, fieles al espíritu que las había alentado desde tiempos de Miguel I “el Grande”, lo aprobaron manteniendo las relaciones comerciales y firmando pactos ofensivos y defensivos. De hecho los indostaníes siguieron usando el Escudo como moneda.

Al cumplirse el primer cuarto del siglo XX tuvieron lugar dos acontecimientos históricos. El primero fue la llegada a la Luna de la nave Pegaso-7 con tres tripulantes: Ramírez, Figueroa y Albiac. Todo el mundo presenció la gesta gracias a la Agencia Televisiva IberoAmericana, y presenció como Figueroa daba los primeros pasos y como Ramírez y Albiac plantaban la enseña tricolor, blanca, amarilla y roja. El segundo fue la solicitud de unión con los mismos derechos que Iberoamericanos e Iberoindostanios de Grecia, Bulgaria, Rumanía, Nápoles e Irlanda.


01 Sep 2008 13:24
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Hola Condottiero ya he visto tu ucronia y m parece perfecta, demuestras un gran saber en la hsitoria y t animo a que sigas,lode q pisen la luna gente de la penisnusla los 1ª me parece fasciante :D ,tengo toda tu ucronia metida en mi ordenador traducida si alguien quiere la puedo poner aqui,

Sin embargo cre q falta una cosa ¿ Que sucede con la inquisicion? :shock: fue creada por los reyes catolicos luego deberia estar durante el reinado de miguel y como no creo q se disuelva en el vacio, algo deberia pasar,ademas, dudo que peritiera la libertad de expresion y de ciencias como la que pones con la escuela de salamanca.


03 Sep 2008 12:38
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Mister escribió:
Hola Condottiero ya he visto tu ucronia y m parece perfecta, demuestras un gran saber en la hsitoria y t animo a que sigas,lode q pisen la luna gente de la penisnusla los 1ª me parece fasciante :D ,tengo toda tu ucronia metida en mi ordenador traducida si alguien quiere la puedo poner aqui,

Sin embargo cre q falta una cosa ¿ Que sucede con la inquisicion? :shock: fue creada por los reyes catolicos luego deberia estar durante el reinado de miguel y como no creo q se disuelva en el vacio, algo deberia pasar,ademas, dudo que peritiera la libertad de expresion y de ciencias como la que pones con la escuela de salamanca.



Me alegro de que te guste. Respecto a lo de la Inquisición y el avance de las ciencias tengo una noticia... ¡la realidad supera a la ficción!

Es sorprendente pero los trabajos de Galileo respecto al movimiento acelerado se basan en trabajos del español Domingo de Soto, la primera máquina de vapor funcional documentada es la de Jerónimo de Ayanz en la mina de Guadalcanal (Sevilla) en la primera década del XVII (la de Blasco de Garay en 1543 es puesta en duda por muchos autores), en teoría económica y teoría política estabamos mucho más avanzados que nuestros vecinos (la "Defensio Catholicae fidei..." de Francisco de Suarez fue quemada en Paris y Londres por defender el magnicidio del mal gobernante y probablemente esté en las bases de la constitución de los Estados Unidos).


10 Sep 2008 13:03
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Vaya veo que tienes buenos concimientos historicos Condottiero.. pero te olvidas de una cosa... ¡¡¡¡no respondes a mi pregunta!!!!

Lo que quiero saber es lo que pasa con la inquisicion en tu ucronia, poruqe desgraciadamente ya se lo que paso en la realidad con ella :D


10 Sep 2008 13:40
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Hola Condottiero. Me ha gustado mucho tu ucronía, aunque me has dejado con ganas tras haberte quedado en 1850. Y también me interesa la que acabas de relatar.

Por cierto, ¿que te parecen mis propuestas de ucronía (aunque solo me voy a concentrar de lleno, por el momento, con la de Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen)?:

- La ya mencionada sobre Leopoldo.
- Otra sobre que Miguel de la Paz sobrevive a su enfermedad infantil y hereda Castilla, Navarra, Aragón y Portugal, y todos sus dominios.
- Y la ultima, que se basaba en que la Guerra Civil Española la ganaban los republicanos, entrando España y Portugal en la Segunda Guerra Mundial, y tras esa guerra poco a poco se alcanza a establecer un estado ibérico.

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10 Sep 2008 19:38
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Linense escribió:
Hola Condottiero. Me ha gustado mucho tu ucronía, aunque me has dejado con ganas tras haberte quedado en 1850. Y también me interesa la que acabas de relatar.

Por cierto, ¿que te parecen mis propuestas de ucronía (aunque solo me voy a concentrar de lleno, por el momento, con la de Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen)?:

- La ya mencionada sobre Leopoldo.

Ya habrás visto la que hay en el foro de Alternatehistory "A Prussian in the Spanish trone" que es realmente genial y que me tiene en vilo. Te lo va a poner realmente difícil ;)

Linense escribió:

- Otra sobre que Miguel de la Paz sobrevive a su enfermedad infantil y hereda Castilla, Navarra, Aragón y Portugal, y todos sus dominios.

Es mi punto Jumbar favorito: Unión ibérica, sin Habsburgos... tiene un montón de posibilidades. Personalmente me gusta centrarme en algunos aspectos poco conocidos de la historia peninsular muy positivos. Como la buena situación del pensamiento a lo largo del siglo XVI y principios del XVII (en ingeniería, ciencia, economía, derecho, teología,...). Tienes potencialmente un estado en el que las reformas en la iglesia propugnadas por el Cardenal Cisneros hacen que la Reforma Protestante resulte poco atractiva, la Inquisición (Con todas sus connotaciones negativas) puede ser un elemento positivo al evitar conflictos religiosos internos como en Francia o Alemania, las ideas de la Escuela de Salamanca podrían tener una mejor acogida y conducir a un regimen de mayores libertades políticas y de derechos, las ideas económicas de la propia escuela de Salamanca podrían suponer el nacimiento de un capitalismo hispánico que conduzca a la creación de un tejido empresarial e industrial, todo ello reforzado por un buen ejército y una armada moderna... aunque claro también podría ser una horrible distopía en la que el rey de Francia se haga con la corona Imperial y en una guerra contra los reinos peninsulares cumpla los sueños de Napoleón... o incluso algo intermedio.

Linense escribió:
- Y la ultima, que se basaba en que la Guerra Civil Española la ganaban los republicanos, entrando España y Portugal en la Segunda Guerra Mundial, y tras esa guerra poco a poco se alcanza a establecer un estado ibérico.


Esta es interesante, imaginate una Comunidad Económica Europea que en vez de surgir en torno al Benelux surja con una Unión Ibérica de España y Portugal, que atraiga a una República Italiana de Sur...


15 Sep 2008 11:37
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Creo que otro punto interesante de la historia de España seria el devenir de españa si Fernado VII hubiese aceptado la "pepa"(Constitucion de 1812) en vez de rechazarla y volver al absolutismo.

La de cosas que habrian cambiado,empezando por la no aparicion de la s guerras carlistas... :roll:


15 Sep 2008 13:00
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Mister escribió:
Creo que otro punto interesante de la historia de España seria el devenir de españa si Fernado VII hubiese aceptado la "pepa"(Constitucion de 1812) en vez de rechazarla y volver al absolutismo.

La de cosas que habrian cambiado,empezando por la no aparicion de la s guerras carlistas... :roll:


Bueno, la aceptación de la Constitución de 1812 no hubiera quitado el problema del carlismo, que además de tradicionalismo se originó por el conflicto sucesorio, y aunque la Constitución hubiera resuelto legalmente de antes la primacia de Isabel II sobre su tío Carlos María Isidro de Borbón, seguro que a la muerte de Fernando VII (que si hubiese aceptado la Pepa, tal vez fuera más real lo de su apodo de "el Deseado", a pesar de que era más feo que el príncipe Carlos de Inglaterra), Carlos se hubiera levantado para volver al absolutismo (en Portugal, en Francia y en el Reino Unido se dieron los casos de los pretendientes "legitimistas") contra su sobrina. O quien sabe si Fernando VII hubiera tenido un hijo, varón o hembra, con alguna de sus anteriores mujeres (ya sabéis que se dan muchos casos en que la pareja ansia desesperadamente tener un hijo, y que cuando ya no tiene esa ansia estresante, de pronto la esposa está embarazada).

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¡VIVA LOS SAHARA, RIF, ESCOCIA, IRLANDA, PALESTINA Y KURDISTÁN LIBRES E INDEPENDIENTES!


15 Sep 2008 13:08
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