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La leyenda de la Leyenda Negra 
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Nota La leyenda de la Leyenda Negra
El Imperio Español y la Hispanofobia

La leyenda de la Leyenda Negra


Del siglo XVI al XVIII se fraguó en Europa una "hispanofobia" asumida por los españoles en voz baja y con total credulidad. La Historia ha demostrado que la realidad estaba muy lejos de aquella propaganda con letras de envidia por italianos, ingleses y holandeses.



Cuando entre españoles se menciona la mala fama de nuestro periodo histórico comprendido entre los siglos XVI y XVIII -con la Inquisición, el descubrimiento y conquista de América, el reinado de Felipe II y el declive de la monarquía-, no es raro que los conversadores confirmen que tal fama es merecida y que esos siglos se cuentan entre los más oscuros de la historia europea. ¿Conocen esas personas el tema que tan decididamente juzgan? Muy probablemente no. Incluso para los profesionales de la Historia es difícil de desentrañar. ¿De dónde procede entonces el sentir general de que el juicio debe ser negativo? Parece que de la credulidad y escasa información de los españoles sobre su propia historia. Se desconoce un período que, si tuvo sombras, fue también muy glorioso. El auténtico "enigma" de la Historia de España es cuándo y por qué se adopta la costumbre de creer, sin contrastarlo, lo que cualquiera diga acerca de nuestro pasado, preferentemente si es algo negativo.

La Leyenda Negra arraigó en un terreno abonado de hispanofobia, hasta el punto de que negar hoy alguno de sus extremos es un ejercicio de incorrección política. Pero debe hacerse, porque no se ajusta a la realidad histórica. Esa leyenda fue creada, enriquecida y mantenida con un propósito, cumplido con creces: desprestigiar a España en todos los ámbitos y oscurecer los logros de un imperio superior al romano y al de Gengis Khan, dotado de una administración admirable y de un respeto por las culturas foráneas que no mostraron otros países en situaciones similares. Ponemos en tela de juicio esos infundios, algo que muchos hispanistas extranjeros, asombrados ante el desprecio de los españoles por su historia, ya han hecho. Mientras, en el resto de Europa se recrea en su pasado hasta la irrealidad. Como dice el poeta Joaquín Bartrina:

Oyendo hablar a un hombre, fácil es
acertar dónde vio la luz del sol:
si os alaba Inglaterra, será inglés,
si os habla mal de Prusia, es un francés,
y si habla mal de España, es español.


La visión menos objetiva de la conquista de América se encuentra en la obra de fray Bartolomé de Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, difundida en el siglo XVI por impresores holandeses, franceses e ingleses. Quiso ser una denuncia de los excesos de los conquistadores, pero contiene falsedades e inexactitudes evidentes, utilizadas después por los enemigos de la monarquía española. Por ejemplo, Las Casas acusa a sus compatriotas de exterminar a tres millones de nativos de la isla Española, cuando la extensión y el ínfimo nivel de explotación agraria de ese territorio difícilmente habrían soportado una población de unos miles de personas; por no señalar además que los españoles estaban en evidente inferioridad númerica ante los indigenas.

Las mentiras de aquel libro, así como la conducta incoherente de Las Casas fueron denunciadas ya por sus contemporáneos. Entre otras cosas, se le afeó su silencio el comercio de esclavos africanos, que el obispo consideraba un mal menor. ¿Carece entonces la obra de Las Casas de todo valor? Cabe otorgarle el beneficio de la duda en cuanto a su intención, probablemente noble, de frenar los abusos cometidos contra la población autóctona. Pero esa nobleza no le autoriza a mentir.


En el país de los Apeninos se pasó de la catalanofobia a la hispanofobia

Las Casas omitió que muchos pueblos se unieron voluntariamente a los españoles a causa de la crueldad de aztecas e incas. Sin la ayuda de estos nativos hubiese sido imposible la conquista de un territorio tan vasto por un puñado de hombres en tan poco tiempo. En Italia, el sentimiento anticatalán era medieval y se debe a la conquista aragonesa de Sicilia y Nápoles, y a la competencia comercial en el Mediterráneo. Cuando Fernando el Católico reforzó con extraordinaria habilidad política su dominio, recibiendo ayuda de Castilla, la catalanofobia se convirtió en hispanofobia. El elemento aportado por Italia a la Leyenda Negra es, paradójicamente, la heterodoxia religiosa: los autores del Renacimiento opinaban que los españoles, debido a su Historia, estaban impregnados de elementos musulmanes -sensualidad desatada- y judíos -codicia, avaricia y sed de venganza-, por lo que su integridad era dudosa. Claro que todo esto era mientras los Reyes Católicos conquistaban Granada, expulsaban a los musulmanes e instaban a los judíos a salir de España en aras de la ortodoxia. Más tarde, los españoles serían calificados de "luteranos", cuando combatían en defensa de la Santa Sede contra turcos y protestantes... sin el apoyo de tropas italianas. Ciertos autores mencionan el complejo de inferioridad italiano como origen de esos infundios: los "hijos de Roma", descendientes de aquel imperio, no aceptaban que un pueblo inferior ocupase su territorio. En realidad, las rivalidades entre italianos los debilitaron ante castellanos y aragoneses, superiores en número y habilidad.


Todos contra el invasor: elementos internacionales del mito antihispano

La hispanofobia se comprende mejor sabiendo que la monarquía española fue en los siglos XVI y XVII la más importante del mundo conocido. Incluía Flandes (Holanda, Bélgica y Luxemburgo), Nápoles, Sicilia y Cerdeña, casi toda América y las islas Filipinas. Sus reyes gobernaron Alemania (Carlos I de España y V de Alemania) y Portugal (Felipe II, Felipe III y Felipe IV). La armada española era la mejor de Europa, y sus tropas de tierra que constituían una élite militar que, por cierto, integraba soldados de todos los territorios mencionados y no sólo españoles. Era tal la importancia del Imperio, que no puede extrañar que en Europa arraigasen, junto con una gran admiración, la aversión y la envidia. Otros grandes imperiores provocaron el mismo efecto: Roma, Bizancio, los aztecas e incas y, siglos más tarde, Inglaterra. Incluso hoy, Estados Unidos asiste a la invención de su propia y negativa leyenda. Así pues, los elementos hispanófobos tienen origen alemán, holandés, inglés y francés, además de italiano, portugués y judío. Aunque todo ello es históricamente lógico, no lo es que, conocienco la causa de ese desprestigio, los españoles lo acepten sin discusión, como un castigo merecido. En este caso, la autocrítica es un ejercicio de ingenuidad histórica. En el siglo XVI fue el que fue, y los españoles plantaron cara a situaciones graves, dificiles de comprender y de juzgar por alguien del siglo XXI. El toque alemán de la Leyenda Negra es nacionalista: para Martin Lutero y Ulrich von Hutten, autores muy populares en el XVI, los alemanes eran notoriamente superiores a españoles, italianos y, por supuesto, judíos. Añádase a ello la fidelidad de España a Roma frente a la ruptura luterana y tenemos a un país "inferior", pelele del Papa, rigiendo los destinos de Europa. ¡Inadmisible!


Un antisemitismo mucho menos severo que en el resto de Europa

Y aún peor, como denunciaban atónitos observadores alemanes: los españoles se casaban con mujeres americanas, esto es, negras, mulatas e indígenas, mezclando su ya deteriorada sangre con las más bajas del mundo conocido. Hoy, la actitud germánica del XVI se denomina racismo.

En cuanto a los judíos, el motivo de su resquemor es 1492: la elección entre el bautismo o el exilio. Sin embargo, medidas mucho más severas se habían tomado antes en Inglaterra (1290) y Francia (1306), sin elección posible. La que suscribe recibió hace poco el entusiasta agradecimiento de una anciana judía americana residente en Praga. Al preguntarle el motivo, aclaró que admiraba a los españoles porque sólo habían expulsado a sus correligionarios, en lugar de asesinarlos. La comunidad judía cuenta con buenos conocedores de la historia del antisemitismo, en la que España no ocupa, se diga lo que se diga, un lugar preeminente. ¿No es significativo que europeos de toda condición, desde el Papa a los campesinos alemanes, tildasen, en los siglos XVI y XVII, a los españoles de "marranos", término reservado por los semitas conversos?

El caso francés es fácil de explicar: la amenaza musulmana en la Edad Media provenía para los francos del sur de los Pirineos. Y al llegar la Edad Moderna, Francia vio frustradas sus aspiraciones territoriales a causa de la política española en Italia; estaba, además, cercada por tierras de los Habsburgo, de manera que su única salida era el mar. Pero ¡voilà! Tampoco podía participar del comercio atlántico, reservado a castellanos y portugueses. Los franceses llegaban tarde. Así, el odio al español, larvado durante tanto tiempo, explotó a lo largo del siglo XVIII, maquillado por los ilustrados con visos de intelectualismo. Desde esos años, la cultura francesa adquirió un enorme prestigio, por lo que el modelo hispanófobo francés se extendió no sólo por Europa sino por tierras americanas, cuyos dirigentes se llenaron así de multitud de razones para emprender sus guerras de independencia.


La campaña propagandística de Holanda contra Felipe II

Holanda es un caso singular de hispanofobia por el protagonismo que la propaganda impresa tuvo en su extensión. Los Países Bajos, por ser herencia del emperador Carlos V, destacaban en el amplio espectro de territorios bajo dominio español y gozaron de privilegios y de un sistema especial de gobierno. Pese a ello, un grupo de pequeños nobles autóctonos organizó una campaña de desprestigio del monarca, entonces Felipe II. Habían esperado, por supuesto, al fallecimiento de Carlos V para lanzar su ataque: el Emperador había nacido en Flandes, hablaba su idioma y se regía por sus costumbres. Hubiese sido absurdo rebelarse contra el "señor natural" de esas tierras. En cambio, su hijo era castellano, católico -el luteranismo arraigaba ya en los Países Bajos- y, por desgracia, tomó algunas decisiones de gobierno erradas. Pero todo esto quizá se hubiese quedado en una revuelta como la Comunera, de no haber orquestado Guillermo de Orange una estudiadísima propaganda por medio de panfletos difamatorios de diversa índole. Entre los asuntos que lamentaban los rebeldes estaba la dureza de la Inquisición española en sus tierras: aclaremos que el Santo Oficio nunca se implantó en los Países Bajos, precisamente porque los inquisidores flamencos eran muy severos.

Otro infundio es el que atañe a la muerte, extraña y nunca aclarada, del príncipe Carlos, el desequilibrado hijo mayor de Felipe II. Según Orange, el Rey habría asesinado a su hijo por estar éste en connivencia con los rebeldes. Quizá sea la calumnia más recordada de todas las que configuran la Leyenda Negra, a lo que contribuyeron las ficciones literarias y musicales que diligentemente se construyeron, pintando a don Carlos como una víctima de su despótico padre. Ninguna voz se alzó en Europa para apoyar al rey español: todos los monarcas necesitaban de su desprestigio para terminar como fuese con aquel indignante predominio hispánico.

Los elementos que destacan en el sentimiento antiespañol de origen inglés son religiosos -de nuevo el luteranismo, en competencia con el anglicanismo- y económicos: los Tudor ansiaban participar, siquiera mediante la piratería, en el floreciente comercio americano. Como ocurrió en Alemania, el odio al español se convirtió en una de sus señas de identidad. Y al igual que Flandes, Inglaterra contó con excelentes plumas que difundieron todo tipo de especies contra España. Las diversas hispanofobias aluden al Tribunal del Santo Oficio como prueba irrefutable del sadismo español. Y, de nuevo, se debe afirmar que la Inquisición es aún muy desconocida. Pero los trabajos realizados confirman que la mala fama del tribunal es inmerecida. Suele pasarse por alto algo esencial: los inquisidores sólo tenían jurisdicción sobre bautizados. Ningún judío o musulmán fue jamás juzgado por el Santo Oficio. Se omite también con ligereza que la tortura, atribuida exclusivamente a los inquisidores, era un procedimiento corriente por las instancias civiles (ayuntamientos) en la Edad Moderna para conseguir confesiones. No es un dato consolador pero debe conocerse.


Historia real versus mitologia: algunos datos esclarecedores

Para contrastar las supuestas atrocidades del "lobo" hispánico en un continente poblado al parecer por mansos corderos, repasemos datos históricamente probados: en 250 años, en la América española se ejecutó a poco más de 100 personas; en los 45 años del reinado de Isabel Tudor se torturó a y ejecutó a más de 250 católicos como resultado de la furiosa persecución religiosa. En el Siglo XVII, Oliver Cronwell, paladín de las libertades, diezmó a los irlandeses, encendiendo un odio visceral hacia Inglaterra. La conquista norteamericana se realizó en pocos años gracias a las matanzas de nativos, directas -arrasamiento de poblados de mujeres y niños- o indirectas -reparto de ropas infectadas a indígenas no inmunizados-. Según el militar y escritor norteamericano William Sherman, "un buen indio es un indio muerto". Las represiones luterana y calvinista contra católicos alemanes, de una crueldad insospechada, no incluyeron proceso legal ni derecho a defensa (cosa que el Santo Oficio si contemplaba). El rey Leopoldo II de Bélgica masacró, torturó y mutiló a los indígenas del Congo, en su ansía de riquezas -la masacre acabó con la vida de unos 5 millones de congoleños-. Qué decir del apartheid mantenido por los bóers en Sudáfrica durante más de un siglo, de la caza de brujas en las colonias británicas, del Ku Klux Klan y la segregación racial estadounidense, de los genocidios del siglo XX -pasando desde el genocio armenio perpetrado por los turcos hasta las limpiezas etnicas de Yugoslavia, pasando por los genocidios realizados por las dictaduras totalitarias de Hitler, Stalin, Mao y otros crueles genocidas de nuestro pasado reciente-... El mundo tiene en su pasado, no una Leyenda Negra, sino una muy negra realidad.

También hay que rescatar los grandes logros en la historia española de los que se habla poco: las Leyes de Indicias, proindigenistas; la excelente administración virreinal; la temprana fundación de universidades en América y Filipinas; el mantenimiento del comercio atlántico como contribución a la riqueza del mercado europeo, pese a la piratería; el Siglo de Oro, culmen de una elevada tradición cultural; la Escuela de Salamanca; una amplia red de beneficiencia que no hizo acepción de raza o religión, y muchos otros no mencionados por la falta de espacio. Reprobemos por tanto un mito creado para liquidar el poderoso influjo español, acudamos a unas fuentes históricas, y conozcamos y valores de una vez nuestra Historia.


Artículo escrito por Rocío García Bourrellier, y publicado en el nímero 24 de la revista Muy Historia.

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04 Jul 2009 12:50
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Nota 
Aunque demasiado benigno desde la óptica española en este artículo se citan las líneas fundamentales de la leyenda negra. Una leyenda negra cuyo impacto llega hasta nuestros días, pues hasta yo mismo me he visto obligado a intervenir en algún lance en el que se lanzaban acusaciones sin respaldo documental. Sin ir más lejos tuve que comentar hace unos días sobre un documental que hablaba de "genocidio" refiriéndose a las difíciles condiciones de trabajo en las minas bolivianas. Esta definición cae por su propio peso, pues no hay más que ver el rostro de los bolivianos de hoy día, y por simple sentido común ¿quién querría exterminar a los que alimentan a la gallina de los huevos de oro?

Pero agarraos, que vienen curvas. Pese a los denodados esfuerzos diplomáticos, el bicentenariazo que se aproxima va a insuflar renovado hálito a la ya de por sí nutrida legión de hispanófobos.

Pero bueno, este es un tema demasiado complejo de abordar en su totalidad. Resulta más sencillo desgranarlo punto por punto.

Si os apetece os puedo traer una interesante charla que mantuve con una víctima de la Leyenda Negra.

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04 Jul 2009 13:44
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