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Interesante reflexión sobre el problema de España 
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Nota Interesante reflexión sobre el problema de España
FEDERALISMO O AUTODETERMINACIÓN
La articulación de España en un Estado federal 'simétrico' o la autodeterminación de las comunidades que busquen la independencia son opciones que habría que afrontar aunque hoy parezca impensable.

JUAN-JOSÉ LÓPEZ BURNIOL
EL PAÍS - Opinión - 02-11-2007

1. El problema no resuelto del siglo XIX español fue articular un verdadero Estado nacional. Por ello -y por el fracaso de 1898- los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos definieron a Cataluña, Euskadi y Galicia -a inicios del siglo XX- como sendas naciones que forman parte del Estado, con lo que negaron el carácter de nación a España. Y hay que añadir, además, que los nacionalismos catalán, vasco, gallego y navarro
han ganado hoy -en sus comunidades- la batalla cultural gracias a su control del sistema educativo.

2. ¿Separatistas? ¿Separadores? ¿Quién tiró la primera piedra? No importa. Se acerca la hora de la verdad y hay que definir las respectivas posiciones para buscar una salida, ya no desde la perspectiva amable que brindaría un proyecto compartido, sino desde el ángulo estricto que proporcionan los respectivos intereses.

3. Así, hay que partir de la idea de que el trozo de tierra que se extiende del Pirineo a Tarifa y de Finisterre al Cap de Creus -al margen Portugalsólo
puede articularse teóricamente de cuatro modos: como un Estado unitario y centralista que no llegó a cuajar y nunca será; como un Estado
federal asimétrico, que no es posible de hecho, pues no hay Estado que aguante varias relaciones bilaterales, en las que otras tantas comunidades traten con el poder central de tú a tú, casi como si de una confederación se tratase. Como un Estado federal simétrico, del que el Estado autonómico es embrión y que no deja de ser un Estado unitario, es decir, un solo sistema jurídico articulado sobre el único principio ético de validez universal no metafísico: que el interés general del todo prevalece -en ciertas materias- sobre el interés particular de las partes. Y, por último, como diversos Estados independientes -varios sistemas jurídicos-.

4. En la práctica, estas opciones se reducen a dos: Estado federal simétrico o ejercicio del derecho de autodeterminación por aquellas comunidades que aspiren a la independencia.

5. El Estado federal simétrico se caracteriza porque el tipo de relación que une a todos los Estados federados con el poder central es idéntico.
No admite relaciones bilaterales -Estados asociados, soberanías compartidas, pactos con la Corona- que busquen configurar un estatus particular y privilegiado para algunos de los Estados federados. Otra cosa es que admita la asimetría respecto a la extensión de las competencias de cada Estado federado, dado que distintos son los presupuestos de que cada uno parte en materia de lengua propia, derecho civil, concierto fiscal...

6. No se rechaza el federalismo asimétrico -la relación de tú a tú- por razones conceptuales. Puede funcionar. Sosa Wagner sostiene que
Kakania fue un caos; Ernest Lluch pensaba que es un modelo a seguir. Pero, en España, generaría un galimatías irresoluble, pues, habida cuenta del efecto mimético que Cataluña ejerce sobre el resto, serían varias las comunidades que apostarían también por una relación de tú a tú con el Estado, y no hay Estado que pueda soportar esta situación.

7. La opción Estado federal simétrico o autodeterminación exige, para ser efectiva, una reforma constitucional sólo abordable tras un pacto -hoy impensable- entre el partido en el Gobierno y el primer partido en la oposición (PSOE/PP o PP/PSOE). Un pacto que debería estar abierto a los partidos nacionalistas, pero al que habría que llegar también sin ellos, ya que precisamente a ellos -a los que no acepten el federalismo simétrico les quedaría la salida de la autodeterminación.

8. Muchos españoles pensarán que es una locura -o una traición- admitir la posible secesión de partes de España. Pero, sin perjuicio de la adhesión cordial a la idea de España y precisamente por ella, hay que mirar la realidad y asumirla. Y esta realidad nos dice que -en Cataluña, País Vasco, Galicia y Navarra- parte de los ciudadanos quieren separarse. No se trata ya de competencias, dinero, infraestructuras, deuda histórica, etcétera, sino, lisa y llanamente, de la ausencia de un proyecto compartido que resulte atractivo. Puede que los que quieran irse sean mayoría, puede que no; pero hay que saberlo. Y, en cualquier caso, lo que nunca debe hacerse es estructurar el marco constitucional de convivencia con la única aspiración de que se queden los que quieren irse, porque, si tal se hace, resultará que los que quieran marcharse terminarán yéndose y los que se queden habrán destruido su Estado.

9. Una mínima decencia obliga a contemplar las serias objeciones que pueden hacerse: a) Es ceder al chantaje de ETA. No: el desafío nacionalista más grave es el catalán, y en Cataluña no existe nada equiparable a ETA. b) La situación en que quedarían, en caso de secesión, los españoles del País Vasco y Navarra. Es una objeción trágica, frente a la que no hay argumentos. Sólo cabe añadir que quizá no sea mejor su situación actual, ya que el objetivo último del nacionalismo vasco es la nacionalización -la "vasquización"- de los españoles que viven allí, con independencia y sin ella. c) La oposición cerrada de la España española a la admisión de la autodeterminación. Hay nacionalistas periféricos -incluso cultivados- que presentan a los españoles como unos tipos -mitad iluminados, mitad interesados- que defienden con arrogancia insufrible un concepto unitario de España, al que ensalzan con retórica hueca y del que viven con avidez prosaica. Pero ¿es ésa la España actual? d) La inviabilidad económica del Estado español sin Cataluña. Es cierto que la participación catalana en el PIB español se acerca al 20%. Es real la aportación del esfuerzo fiscal catalán al desarrollo de España. También es cierta la contrapartida que ha significado, para las empresas catalanas, la existencia de un mercado cautivo español durante décadas. Pero si la única razón para mantener la relación entre España y Cataluña -al parecer insatisfactoria para ambas partes- es la conveniencia económica, mal vamos. Carece de futuro.

10. Por consiguiente, españoles, catalanes, vascos, gallegos y navarros han de asumir sus responsabilidades y preguntarse qué es lo que quieren. Y terminar con esta situación de incertidumbre y desorden, que tanto perjudica a todos, al impedir que se afronten las graves cuestiones de nuestra época.

11. Ha llegado el tiempo de la palabra veraz. Los políticos tienen que hablar sin tabúes. Pero, al igual que la guerra es demasiado seria para dejarla en manos de los militares, la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. Y, precisamente por ello, la gente tiene que decir lo que de veras piensa, sin miedo a quebrar el canon dominante, sosteniendo en público lo mismo que dice en privado. Sólo la palabra libre nos hará a todos libres.

12. Cabe pensar que con la disyuntiva Estado federal simétrico o autodeterminación se precipita la desintegración de España. No es así por estas razones: a) Lo letal sería -a medio plazo- seguir con las concesiones particularizadas, arrancadas en un debate bilateral por las comunidades con vocación de independencia y sin un plan de conjunto; b) Desde el preciso momento en que se admitiese el derecho de autodeterminación, el problema dejaría de ser un problema de España para convertirse en un problema de la comunidad que quiera autodeterminarse, ya que ésta se dividiría en dos partes enfrentadas; c)Es duro que un viejo Estado, con mucha historia a sus espaldas, admita el derecho a separarse de una de sus partes; pero todo Estado que reconoce tal derecho sale reforzado por un motivo: ya no se verá nunca más sometido al chantaje continuado de aquella comunidad que intenta
arrancar ventajas y conseguir una situación de privilegio, bajo la presión de que, si no se le concede lo que pide, se irá.

13. Todo cuanto antecede parece hoy un delirio. Pero llegará el día en que se lamentará constatar que no se afrontó cuando aún era tiempo.


23 Ene 2009 03:42
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Muy interesante el artículo que has planteado, NAT.

Y como el siguiente artículo también va sobre como abordar el federalismo en España, lo pongo en este tema:


Cómo abordar el cambio federal

España puede federalizarse más a nivel institucional. Pero aún es más importante que lo haga a nivel cultural. La esencia del federalismo es el pacto, la renuncia a los maximalismos centrípetos y centrífugos


Pero no somos ya un Estado federal? Sí y no. Poseemos muchas de las características propias de un Estado federal, pero todavía carecemos de algunos de los rasgos, sobre todo en el terreno de la cultura, privativos de esta forma política. ¿En qué consiste, entonces, la cultura política federal que todavía no poseemos?

Quizás el patrón institucional más claro del modelo federal lo estableció hace ya unos años un conocido politólogo belga cuando, citando una variedad de casos de federalismo, advirtió algunas constantes en todos los ejemplos. Para Laenerts hay federalismo, primero, siempre que nos encontremos ante un Estado compuesto, con niveles de gobierno o instituciones de poder de ámbito nacional y también territorial. En segundo lugar, la forma política federal lleva a cabo un reparto de atribuciones políticas sobre un determinado espectro competencial, del que ninguna instancia de gobierno puede disponer unilateralmente, por encontrarse establecido en el plano normativo constitucional. En tercer lugar, indefectiblemente, en el Estado federal debe de haber una instancia jurisdiccional que resuelva los conflictos entre los poderes generales o territoriales, con criterios exclusivamente técnicos, esto es, aplicando de manera independiente el parámetro competencial constitucional.

Si convenimos en este canon, nosotros somos ya un Estado federal, aunque no nos llamemos de este modo.

Es más, nosotros a simple vista parecemos adecuarnos al patrón cultural en el que suele incluirse el sistema federal: somos una nación con una dosis pluralista considerable, resistente a aceptar moldes homogeneizadores. Azorín nos recuerda el contraste que ya Gracián recogía entre Francia, donde la homogeneidad geográfica y social facilitaba la gobernación, y España, "donde las provincias son muchas; las naciones diferentes; las lenguas varias; las inclinaciones opuestas y los climas encontrados", y donde, por tanto, se necesitaba gran "capacidad" para unir. Ocurre asimismo, como viese mejor que nadie Gumersindo Trujillo, que la democracia española siempre ha sido federal, quiere decirse descentralizada o reconociendo el pluralismo territorial; y la justificación del federalismo, a su vez, se ha formulado en nuestra historia siempre también en clave democrática.

¿Cuáles son las posibilidades de federalizar nuestro sistema incrementando lo que podríamos llamar sus amarres de esta clase? La federalización de nuestro modelo, en primer lugar, debería partir de una labor de clarificación de esta forma con la referencia confederal. El sistema confederal no puede presentarse como una profundización del sistema federal, como el modelo federal es un perfeccionamiento del sistema autonómico. La confederación destruye y niega el modelo federal. La confederación no es más federalismo, sino al contrario, menos; en realidad, es otra cosa que el federalismo. La confederación no es un Estado compuesto, un modo de reforzar su unidad política, sino un compuesto de Estados, una unión política débil y por esencia inestable y pasajera de Estados. Una forma política en movimiento, por la que se pasa hacia la federación o la independencia, pero en la que nadie permanece, como lo mostró en el siglo XVIII la Confederación americana y en el siglo XX la Confederación soviética. Se trata de una estructura política de base cuestionable que las unidades políticas soberanas que son los miembros aceptan mientras quieren, y que resulta sumamente ineficaz, pensada para llevar a cabo funciones políticas limitadas, y cuyas decisiones son sometidas a la ratificación de los elementos que integran el conjunto político.

En España la profundización federal requiere sobre todo dos actuaciones: la primera a llevar a cabo en el plano de la articulación, profundizando en los amarres federales. El federalismo es una forma política que aumenta la capacidad del aparato institucional común, sin negar la autonomía de sus integrantes y la contribución de éstos al funcionamiento del Estado compartido. Tanto el momento de la autonomía como el de la integración son imprescindibles en esta delicada maquinaria política, en la que ambas dimensiones han de disfrutar de sus oportunidades y medios de actuación. No se establece un sistema federal sin el reconocimiento a sus miembros de un amplio espectro de competencias políticas, legislativas y de gobierno. Ello es así porque el Estado federal, al que objetivamente le caracteriza el pluralismo, reposa en la valoración positiva de la iniciativa de sus integrantes, más fácil de llevar a cabo en una arena política cuyo tamaño reducido posibilita la participación y el protagonismo político. Si la democracia supone más oportunidades de actuación política, el federalismo aparece como un sistema en el que la participación resulta más sencilla y fácil de llevar a la práctica.

Pero el federalismo es pacto (foedus), un modo de unir a través del establecimiento de mecanismos de articulación. Sabemos lo mucho que en este sentido puede federalizarse nuestro Estado autonómico. Pensemos, en este plano, en lo que queda por hacer, construyendo un Senado auténticamente territorial, que atribuya en la formulación de la política autonómica un mayor peso a esta Cámara.

Pensemos también en las Conferencias Sectoriales que permitan la discusión y, si es posible, la articulación de políticas de gobierno en reuniones de los ejecutivos autonómicos.

En tercer lugar, un replanteamiento auténticamente articulador de la legislación del Estado y de las comunidades autónomas superaría la idea meramente espacialista de las bases, concebidas como margen para la ordenación territorial, asumiendo una idea más principial de las mismas como decisiones, ciertamente establecidas de modo conjunto, que resguarden el grado imprescindible de homogeneidad y contenido común que la regulación de un determinado ámbito material necesita en todo el sistema jurídico español.

Pero ni que decir tiene que es en el plano espiritual o de la cultura política donde nuestro sistema autonómico requiere de una contribución federal. El federalismo es ciertamente una forma política refinada, montada sobre un difícil equilibrio, pues no deja de señalar un punto intermedio entre la centralización y la independencia. En la forma federal operan tendencias centrípetas que exageran la homogeneidad y pulsiones centrífugas que subrayan el particularismo y la autonomía. Es, en efecto, una segunda opción después que la uniformidad y la independencia se han hecho imposibles, pero que pueden seguir como sirenas homéricas atrayendo con fuerza sobre todo en los momentos de dificultad y tormenta.

La cultura espiritual del federalismo reclama sensatez y prudencia, renuncia a la maximización de las posiciones e intereses respectivos del centro y de los integrantes del pacto político. Sobran entonces en la cultura política del federalismo los planteamientos agónicos, las resistencias a ultranza, ya traten de recuperar la uniformidad o se hagan valedoras de la excepción. Lo que necesita la maquinaria federal es operarios pragmáticos, partícipes de la cultura del gradualismo y del pacto.

Todo es discutible, no hay nada sagrado, intocable o irrenunciable. Sólo es imprescindible la devotio a las reglas de juego, entre ellas, naturalmente, el respeto a las decisiones de la clave del sistema, se llame Tribunal Supremo, en Estados Unidos, o Tribunal Constitucional, en España.

Esto supone, sin duda, renunciar a un planteamiento identitario de los conflictos políticos y admitir su conversión en términos jurídicos cuando se presentan ante la instancia ad hoc que la federación ha reservado para estos supuestos. Es precisamente esta civilización del conflicto lo que permite la acomodación y el reconocimiento de las distintas naciones y regiones, ellas internamente también plurales, que coexisten en España.

¿Queda entonces mucho trecho para que seamos un sistema federal? La respuesta puede abordarse nominalmente, en el terreno normativo, o atendiendo a la práctica efectiva del sistema. Deberíamos pensar, es nuestra conclusión, antes que cambiar el nombre del sistema autonómico en mejorar su funcionamiento, reforzando, en el plano institucional, pero sobre todo espiritual, lo que hemos llamado sus amarres federales.


Firman este artículo Ramón Maíz, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago, y Juan José Solozábal, catedrático de Derecho Constitucional de la UAM.


Artículo de opinión sacada por El País: http://www.elpais.com/articulo/opinion/ ... opi_14/Tes

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23 Ene 2009 13:59
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Nota 
Algunas cosas sencillas :

Es imposible definir los territorios que podrían optar a la autodeterminación, ¿ Cataluña ? y poque no el Valle de Arán por separado, y Barcelona y Cinturon por un lado, ¿Por qué Cataluña?

País Vasco , Navarra, iparralde, por territorios histórico o juntos lo que diga ETA o lo que diga el PNV o el PSE.

Galicia , el 85% de los votos van a partido no nacionalistas qué preguntar aquí

Y despues de Cataluña , canarias, andalucia, Baleares, Marbella, ¿ Por qué no ?

El ejemplo de yugoslavia es claro .

Mi solución la que propone UPyD cerrar el sistema autómico, sistema federal simético, cambio de sistema electoral para evitar los cahntajes en la gobernabilidad de España, asumir las competencias de Educación por parte del estado central, para evitar lel lavado de cerebro nacionalista, desarrollar una ley en defensa de la lengua común ( propuestas de UPyD) , en definitiva promover la unidad y la lealtad democrática entre los terrotorios, todo ello a través de un gran pacto PP-PSOE- UPYD, y quienes se puedan sumar, y PACIENCIA, que en poco tiempo España supera estas historias.

Los problemas actuales vinene en gran parte del excesibo poder de los gobiernos autonómicos, p.ej. nadie en la calle pedía un nuevo estatut, eso es una cosa del poder


23 Ene 2009 14:01
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Mu bueno el articulo NAT.

En teoria el estado federal asimetrico seria la solucion perfecta pero viendo la realidad de los nacionalsitas seria insuficiente para ellos en un periodo de tiempo

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Cualquier sueño que merezca la pena soñarse es un sueño que merece la pena luchar


23 Ene 2009 14:20
Perfil YIM

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Nota 
Pero si es que no hacen falta análisis tan sesudos, es sencillísimo, lealtad al sistema, obviamente el articulista es tendencioso, pura intelectualización falsaria, habla de naciones donde la constitución dice nacionalidades, e insisten en colarlo , es un ejemplo de deslealtad

Otra deslealtad al sistema que se practica en la izquierda es la de hablar constantemente de soberanía popular, cuando la constirución dice que la soberanía nacional reside en el pueblo, y es algo que en las ponencias constitucionales no consiguieron colar.

A parir de la Lealtad viene el resto, tras 33 años de deslealtad y ambiguedades es necesario la clarificación de los conceptos, federalismo de competencias definidas fundamentado en la lealtad en la unidad de la nación y en la soberanái nacional


23 Ene 2009 21:19
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Iberista
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Registrado: 30 Ago 2007 22:01
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Nota 
Saludos a todos
pastrana escribió:
Citar:
Algunas cosas sencillas :

Es imposible definir los territorios que podrían optar a la autodeterminación, ¿ Cataluña ? y poque no el Valle de Arán por separado, y Barcelona y Cinturon por un lado, ¿Por qué Cataluña?

País Vasco , Navarra, iparralde, por territorios histórico o juntos lo que diga ETA o lo que diga el PNV o el PSE.

Galicia , el 85% de los votos van a partido no nacionalistas qué preguntar aquí

Y despues de Cataluña , canarias, andalucia, Baleares, Marbella, ¿ Por qué no ?

El ejemplo de yugoslavia es claro .

Mi solución la que propone UPyD cerrar el sistema autómico, sistema federal simético, cambio de sistema electoral para evitar los cahntajes en la gobernabilidad de España, asumir las competencias de Educación por parte del estado central, para evitar lel lavado de cerebro nacionalista, desarrollar una ley en defensa de la lengua común ( propuestas de UPyD) , en definitiva promover la unidad y la lealtad democrática entre los terrotorios, todo ello a través de un gran pacto PP-PSOE- UPYD, y quienes se puedan sumar, y PACIENCIA, que en poco tiempo España supera estas historias.

Los problemas actuales vinene en gran parte del excesibo poder de los gobiernos autonómicos, p.ej. nadie en la calle pedía un nuevo estatut, eso es una cosa del poder
y también:
Citar:
Pero si es que no hacen falta análisis tan sesudos, es sencillísimo, lealtad al sistema, obviamente el articulista es tendencioso, pura intelectualización falsaria, habla de naciones donde la constitución dice nacionalidades, e insisten en colarlo , es un ejemplo de deslealtad

Otra deslealtad al sistema que se practica en la izquierda es la de hablar constantemente de soberanía popular, cuando la constirución dice que la soberanía nacional reside en el pueblo, y es algo que en las ponencias constitucionales no consiguieron colar.

A parir de la Lealtad viene el resto, tras 33 años de deslealtad y ambiguedades es necesario la clarificación de los conceptos, federalismo de competencias definidas fundamentado en la lealtad en la unidad de la nación y en la soberanái nacional


Estoy muy de acuerdo con tus apreciaciones. Si en el primer posteo "diste en el clavo", en el segundo "lo remataste". Enhorabuena por tu sentido común!!

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# Los ombres i las mujeres, éstos, segirán su kamino, ké futuro, ké tiempo, ké destino. La bara d negriyo está berde, tal bez florezka para el año k biene. Kolofón d “La balsa de piedra” d nuestro gran literato kontemporáneo portugés (r.i.p.) José Saramago, iberista!!!


23 Ene 2009 23:42
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